De los nervios

Los peores compañeros de viaje

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Tengo que empezar diciendo que seguramente la compañera más odiosa de viaje sea yo, ¿por qué?. Porque después de viajar bastante en solitario cualquier compañero tiene para mí un defecto, una carencia, cuando seguramente el defecto sea sólo mío. Después de viajar con muchos tipos de personas a las que me unían diferentes tipos de relación, he hecho una clasificación de los compañeros de viaje más odiosos. No sólo con los que inicias y finalizas un viaje, sino viajeros con los que coincides en una excursión, un hotel, un avión, etc.

Antes de comenzar, mis disculpas a todos ellos. Repito que, seguramente, el problema sea exclusivamente mío. Mi clasificación no tiene nada que ver con el sexo de cada uno. He coincidido con gente insoportable de los 2 sexos.

Aquí va la relación:

El pesado Gente pesada me he encontrado en todos sitios, pero sobre todo en los aviones. Como digo en otro post suelo elegir siempre asiento de pasillo, porque si los astros se confabulan para que sufra a un compañero de asiento pesado, al menos es sólo uno. He sobrevivido a vuelos de más de 15 horas con personas a las que deseé una afonía grave para que pararan con su diarrea verbal. Gente que necesita hablar y hablar sobre su vida, su trabajo, su familia, sobre cosas que a mí no me interesan en absoluto. A pesar de utilizar unos cascos (aunque no estén enchufados a ningún dispositivo de sonido) como medio disuasorio, los pesados hablan y hablan. No paran. Los auriculares son invisibles para ellos. El colmo es cuando antes de llegar a destino te piden tu correo electrónico, te preguntan en qué hotel te alojas o si tienes cuenta de twitter. A pesar de decirles que no ellos insisten e insisten (¿quién se puede creer que a estas alturas alguien no tenga correo electrónico al menos?). Pues como si nada, son expertos en insistir. Cualquier acontecimiento durante el vuelo, por intrascendente que sea (como que por ejemplo las azafatas estén sirviendo las bandejas de comida), es suficiente motivo para ponerse a hablar.

Si el vuelo es diurno no es tan grave, pero en vuelos de más de 8 horas siempre hay un momento que deseas y necesitas dormir, pero para el pesado no existe ningún momento en el que considere que debe estar con la boca cerrada. Creo que lo mejor es hacerse la muerta, método que aún no he probado, por lo que no puedo aconsejarlo, ya que no puedo confirmar su efectividad.

Conocí a uno de estos fenómenos en un vuelo de Ushuaia a Iguazú. En cuanto me senté, el tipo (argentino para más señas) comenzó con su cháchara. Me puse los cascos, cogí un libro haciendo que leía, saqué el portátil y hacía que escribía. Nada, el tío era incapaz de parar. Aparte de pesado era miedoso, por lo que recuerdo aquel vuelo como antológico. Desde que despegamos “oía ruidos raros”, “no le parecía que el motor tuviera un sonido normal”, “siempre se preguntaba cómo era posible que un avión se elevara y desplazara con semejante peso”, “se preguntaba si yo había leído la noticia de ese avión que se había estrellado no sé cuándo en no sé donde”, etc. El vuelo duraba aproximadamente 2 horas, pero se me hizo eterno. Jamás pensé que lo peor estaba aún por llegar: Llegando al aeropuerto de Iguazú, el piloto por los altavoces avisó amablemente al pasaje que íbamos a sobrevolar las cataratas, y que giraría el avión sobre su eje para que todos pudiéramos verlas desde el cielo. ¡Ja!. El avión empezó a inclinarse sobre su ala derecha. Se podían ver las cataratas por la ventanilla al otro lado del pasillo, y en ese momento….¡zas!, el argentino se agarra de mi brazo, lo aprieta y exclama ¡ay!. No quiero ni imaginar la cara que puse. Sacudí el brazo para soltarme y exclamé: “¡Por favor!”. El argentino se quedó sorprendido, estupefacto. Me miraba con los ojos muy abiertos y … ¡no decía nada!. Por increíble que parezca, sólo salieron de su boca 2 palabras “Lo siento”. En esos momentos lamenté profundamente que mis padres se hubieran esmerado en educarme. Mi deseo era a liarme a tortas con él, pero me conformé con decirle: “Creo que si te da tanto miedo volar deberías plantearte la posibilidad de viajar en autobús”.

Kit adecuado para compañeros de viaje "pesados"

Kit adecuado para compañeros de viaje “pesados”

Según una entrevista que publicó Skyscanner, los pasajeros prefieren a un compañero de asiento charlatán a alguien con mal olor corporal. Yo no voté en esa encuesta, pero prefiero 1000 veces alguien que apeste y colocarme dos algodones impregnados en cualquier sustancia en los orificios de la nariz (aunque sea en gasolina), prefiero a alguien con exceso de peso que parcialmente invada mi habitáculo, y prefiero a una pareja que prácticamente fornique en el asiento durante el vuelo. Antes, muchos antes, que a un pesado charlatán.

El compulsivo Compulsiones tenemos todos, pero basta que sean del prójimo para que nos resulten insoportables. Existe el comprador compulsivo, el fotógrafo compulsivo, el comedor compulsivo. Me da igual que el tipo/a tenga que fotografiar absolutamente todo lo que ve o que quiera entrar en absolutamente todas las tiendas de cualquier trayecto a pie de cualquier lugar. En ese momento les da lo mismo que estés esperando, que haga calor, frío o que caigan chuzos de punta. Ellos tendrán que entrar en esa tienda “a ver qué hay” o hacer esa foto que “es muy chula”, …”¡mira que chula”!, y te la enseñan en la pantalla de la cámara. ¡Dios, cuánto daño han hecho los adelantos tecnológicos a la fotografía!.
Por cierto, se me olvidaba el “locutor compulsivo”, ese al que han regalado una cámara de vídeo por su 35 cumpleaños y se dedica a grabar absolutamente todo lo que ve. No contento con eso va comentando la visita. Coincidí con una pareja en Egipto que él llevaba una cámara de vídeo “último-modelo-Hg7364gaggdsd8764-que-vale-una-pasta- y-es-capaz-de-grabar-sólo-con-la-luz-de-una-cerilla”. Subimos a ver la tumba de la pirámide de Keops. Las cámaras había que dejarlas a la entrada, pero inexplicablemente el tipo consiguió pasar su súper videocámara. Han habilitado una rampa con una pendiente increíble, hecha con tablones y algunas tablas clavadas transversalmente (principalmente para que no te mates), y yo llevaba al locutor compulsivo detrás. Iba grabando, sin parar de mover la cámara hacia todos lados, haciendo unos comentarios ridículos y diciendo más tonterías por minuto de lo que cualquier ser humano es capaz. La rampa es angosta, oscura, inestable, y además hace un calor insoportable. Como me conozco, y sé que iba a acabar matando al tipo, vi un cartel escrito en árabe y le dije: ” Ahí pone que si te pillan con una cámara tienes que pagar una multa y encima te la confiscan”. “¿Pero tú sabes árabe?” me preguntó. “¡Claro!” le contesté. Se volvió y le dijo a la mujer :” Cari, mejor la guardo”. En árabe sé decir “gracias” y “vete a la mierda”. La primera la aprendí porque es útil, la segunda porque me la enseñó el conductor del autocar y aún no la he olvidado. No quiero ni imaginar a los pobres amigos/familiares del “locutor” cuando a su vuelta a España les obsequió con una velada de cena escueta y 6 horas de su viaje a Egipto.

Los niños Los niños son muy monos, muy ricos, muy de todo, de todo. Pero ¡para sus padres!. Puede tocarte un niño cerca en un avión, que más tarde o más temprano llorará, llorará mucho. Y seguramente coincida el momento en que él/ella deciden ponerse a llorar cuando tú por fin estás dando una cabezada. Si por el contrario es tu compañero el que ha decidido llevarse a los nenes de viaje, directamente pégate un tiro, porque esa semanita que vas a estar de vacaciones hará que las 24 horas de cada día se conviertan en 604.800 segundos en los que el niño querrá dormir cuando no puede, llorar donde no debe, comer donde no hay comida y dar por saco todos y cada uno de esos interminables segundos. A ver. Si tienes niños pequeños viaja solo, o con la madre de la criatura, o con cualquier familiar que por esas cosas de que “la sangre tira” no se cargará al niño en un apartotel de Menorca o a 4000 metros de altitud sobre el Mediterráneo.

Estando en Calafate, tenía un vuelo programado a Ushuaia. Al llegar al aeropuerto me encontré con cientos de personas tiradas en el suelo porque había huelga, y así llevaban días. Ni entraban ni salían aviones desde el aeropuerto. Pregunté por la posibilidad de hacer el trayecto en tren (tren hay, pero tardaba 5 días). Descartado. Saco un billete de autobús (perdí el billete de avión y aún estoy esperando que me devuelvan el importe). Trayecto: 19 horas, con parada en Río Gallegos. Hasta la mitad del viaje bastante bien, pero desde Río Gallegos, se vació el autobús como si se hubiera declarado la peste y se subieron……se subieron….. dos clases completas de niños/as de unos 12 años que habían ido a jugar unos partidos de baloncesto en una liguilla inter-escolar con alumnos de Río Gallegos. Unos 60 niños con entrenadores, profesores, etc, amenizando el viaje con canciones escolares. Sin comentarios…

Los paletos Siento el término, pero no encontraba el término adecuado para clasificar a la gente que voy a describir. No hay que decir que utilizo el término en su peor acepción. Nada que ver con gente maravillosa (o no) que tiene la suerte o la desdicha de vivir en un pueblo. Por paletos me refiero a los estrechos de mente, los que no aceptan y respetan que en todos los lugares del mundo hay costumbres y culturas diferentes. Ni mejores ni peores. Diferentes. Paletos que aseguran que “como en España no se come en ningún sitio”, que “en España tenemos también playas así”, etc.

Estando en Chiang Mai (Tailandia), me encontraba en una terraza tomando un café y se acercó un grupo de españoles. Edad: unos 30 años. Hicieron su pedido a la camarera, y uno de ellos, al poco tiempo, empezó a levantar la mano y decir:”Chisssssssss, chissssssssssss” para que se acercara. Le dijo más o menos por gestos (no hablaba inglés), que hacía mucho rato que habían pedido. La camarera, azarada, juntaba las manos pidiendo perdón. Pasaron unos minutos más y el pedido no llegaba. El paleto del que hablo, se puso de pié, y mediante gestos otra vez, se daba golpes en el reloj con el dedo índice de la otra mano para indicarle que ya llevaban demasiado tiempo esperando. La camarera, al otro lado del local, apenas se atrevía a levantar la mirada. Mientras, él y sus compañeros (también paletos) hacían chistes y se reían de la chica, (que español no entendería, pero no había que ser muy listo para entender que se mofaban de ella). Estuve a punto de organizar una pelea clase “mercado” con los paletos, pero preferí levantarme y decirle a la chica que yo era española también como esos paletos, y que me disculpaba por ellos y por la vergüenza que me estaban haciendo sentir.

Por último, decir que me sorprende ver en foros y blogs gente que busca compañeros de viaje. Hay gente muy muy valiente.

Decir también que seguramente haya más categorías de viajeros insoportables. Si me acuerdo de más ya editaré esta entrada.

Y por último, reconocer y admitir que yo probablemente sea la peor compañera de viaje del mundo (o no).Es igual ¡ya lo pensaré mañana!

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