De los nervios

Mea Shearim no es una atracción turística de Jerusalén

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Los jaredín o “temerosos de Dios”, judíos ultra-ortodoxos, viven en el barrio Mea Shearim de Jerusalén. Apartados del centro de la ciudad controlan y vigilan su barrio para que nada ni nadie del exterior “contamine” su comunidad. A la entrada del barrio, un gran cartel avisa que los visitantes no son bienvenidos. Celosos de su intimidad consideran la forma de vestir de algunas mujeres extranjeras indecorosa, y han llegado incluso a apedrear a alguna por considerar su indumentaria un insulto a su moralidad.

Cartel de advertencia a visitantes en Mea Shearim, Jerusalén

Cartel de advertencia a visitantes en Mea Shearim, Jerusalén

Visitar el barrio es pensar que el tiempo se ha detenido 100 años atrás, y reproduce la vida que llevaban los judíos en sus barrios de Polonia y Hungría. Mujeres con faldas largas hasta los tobillos, ropa ancha y cabeza tapada. Incluso algunas llevan peluca para no mostrar su propio pelo o un pañuelo. Ellos, con largas levitas negras, sombreros también negros y largos tirabuzones y barbas siguiendo las instrucciones de la Torá: “Dejarás crecer el pelo de tu barba y el que crece en las sienes”.

Cualquier sitio es bueno para rezar

Cualquier sitio es bueno para rezar

Las familias tienen entre 7 y 12 hijos. Los hombres no trabajan, se dedican exclusivamente al estudio de la Torá. Son ellas las que trabajan y llevan un sueldo a casa. Ellas están contentas con poder permitirse el lujo de mantener a un marido que sólo se dedica al estudio de la religión. También obtienen ingresos de las ayudas del gobierno y de las ayudas económica de la comunidad internacional haredí, sobre todo la de Estados Unidos.

Siguen una dieta estrictamente Kosher: no comen carne de cerdo, ni mariscos. Los alimentos como carne y lácteos no se deben comer juntos, ni siquiera prepararlos con los mismos utensilios o guardarlos en la misma nevera, el vino debe ser producido exclusivamente por judíos, etc

Aquí la televisión es pecado, internet un invento del demonio, y la música que se escucha es solamente la religiosa. No hay ni siquiera periódicos, sino que se pegan pasquines en las fachadas en los que se informa a los vecinos del barrio de las últimas noticias.

En Mea Shearim los periódicos están prohibidos

En Mea Shearim los periódicos están prohibidos

Las casas, sencillas y humildes no son en propiedad, sino que tienen lo que llaman un “derecho de llaves”, y sólo tienen que pagar una cantidad ridícula al mes. Cuando se constituyó el barrio era requisito imprescindible que los nuevos vecinos tuvieran descendencia húngara.

En sabath está prohibido encender cualquier aparato eléctrico. Incluso oprimir un interruptor es para ellos pecado. En el hotel en el que me alojaba en Jerusalén, el ascensor tenía un sistema automático que funcionaba sólo los sábados. En lugar de apretar el botón para que subiera o bajara el ascensor, estaba programado para que parara en todas las plantas y así ayudar a los judíos a no “pecar” evitando el contacto con un aparato eléctrico.

Desde pequeños tienen prohibido cortar el pelo de las sienes y cubren sus cabezas con la kipá

Desde pequeños tienen prohibido cortar el pelo de las sienes y cubren sus cabezas con la kipá

Si lo deseas puedes visitar el barrio. Sólo intenta que tu indumentaria y tu comportamiento sean adecuados, respetando las creencias de los judíos que aquí viven. No intentes entenderlo, simplemente acéptalo.

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