De los nervios

Preciosa Sidney

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¿Quién no ha soñado alguna vez con viajar a Australia?. Suena tan lejano que a veces es sólo eso, un sueño. Aunque vayas por tu cuenta, el viaje es caro porque el precio de los billetes de avión son bastante elevados, son muchas horas de vuelo. Aunque puedes plantearte el viaje con una compañía que te permita realizar una stopover en países como Tailandia o Singapur, descansar 2 o 3 días y continuar la ruta.

Australia es uno de los países con los controles aduaneros más estrictos, aunque nada comparado con Nueva Zelanda, donde tienes que pasar casi un examen de selectividad para aclarar a la policía de fronteras que eres realmente un turista y no pretendes trabajar ilegalmente en el país.

Durante el vuelo tienes que rellenar una tarjeta de inmigración en la que hacen hincapié en que no puedes entrar en el país con comida, plantas, animales, etc. Son muy estrictos en eso, para evitar enfermedades en su flora y fauna. Pasar incluso algo de la comida del avión está terminantemente prohibido y puede llevarte a ser multado.

Cuando el avión estaba a sólo 2 horas de llegar a Sidney, anunciaron por los altavoces si había algún médico a bordo. Pensé que alguien se encontraba mal o que incluso alguna mujer se había puesto de parto, como he visto en las películas. No me imaginaba lo que iba a ocurrir. Pasada una media hora del anuncio, me levanté para ir al baño en la parte trasera del avión, y vi entre las cortinas casi cerradas a un hombre asiático tumbado en el suelo con los ojos abiertos y en blanco. A su alrededor y arrodillados varios auxiliares de vuelo, azafatas y un hombre y una mujer que pensé eran médicos. No le di más importancia, así que volví a mi asiento. Al aterrizar en Sidney nos dijeron por los altavoces que no podíamos salir del avión. Todos los pasajeros mantenían un silencio sepulcral. Abrieron las puertas del avión y entraron como 10 o 15 personas con chalecos en los que se leía en su espalda Cuarentena, Policía, Forenses. ¡Ay mi madre!. Un muerto en el avión. Transcurrida media hora más nos anunciaron que aún no podíamos bajarnos del avión hasta que los funcionarios de cuarentena y los forenses confirmaran que el hombre asiático no había muerto de una enfermedad contagiosa. En esos momentos me alegré mucho de hablar inglés, porque los pasajeros no hablábamos entre nosotros, la única información que recibíamos era por los anuncios que nos hacían por los altavoces. No me imaginaba que declararan el avión en cuarentena y tuviera que pasarla en cualquier hospital australiano en aislamiento. Pasaron casi 2 horas hasta que nos dejaron bajar del avión. Nunca me pude imaginar que iba a ser testigo de algo así durante un vuelo.

La bahía de Sidney me parece una de las más bonitas que he visto en el mundo, si nos referimos a bahías dentro de una ciudad. Debido a sus formas caprichosas, la tierra se extiende como una mano sobre el mar, creando entrantes y salientes muy atractivos a la vista. El puente de Sidney, el edificio de la Ópera, Darling harbour, la otra orilla de la ciudad, etc. Tanto de día como de noche tienes 1000 rincones que patear, jardines y parques donde descansar y restaurantes y bares a lo largo de la bahía. Por la noche la bahía te ofrece también unas vistas espectaculares.

Bahía de Sydney

Bahía de Sydney

La torre de Sidney (AMP). Abre diariamente de 9:00 a 22:30 y es posible cenar en su restaurante. Es otro atractivo turístico de la ciudad de Sidney. A mí me parece una torre de tantas, con un observatorio (que siempre están llenos de estudiantes) y la entrada cuesta 10 AUD si la consigues por internet y 25 AUD si la compras allí. Si eres muy valiente puedes realizar el paseo por el cielo (Sky walk), donde atado por arneses caminarás sobre la plataforma circular que rodea el edificio. El precio ronda los 48 AUD. Realmente es una terraza con la barandilla de cristal y algunos tramos con el suelo también de cristal.

Panorámica de la ciudad de Sidney desde la torre

Panorámica de la ciudad de Sidney desde la torre

Mucho más miedo produce el mismo paseo en la torre de Auckland (Nueva Zelanda), donde el paseo es sobre una plataforma sin barandillas, y donde siempre azota el viento fuertemente.

Torre de Sidney

Torre de Sidney

Cuando veo las fotos que hacía con mi Nikon réflex siento tristeza y nostalgia. Fue el último viaje al que la llevé. Después de estar de viaje 20 días con la cámara colgada al cuello, el peso de la cámara con el objetivo (más de 2 kg) durante todo el día me produjo una contractura intercostal con la que veía las estrellas. El traumatólogo me recomendó que tirara la cámara, cosa que por supuesto no hice. Ahora me conformo con una pequeña compacta que cabe en cualquier bolsillo, pero no es lo mismo…

Ópera y puente de Sidney

Ópera y puente de Sidney

Ópera de Sidney No sé por qué, siempre que ves in situ cualquier edificio o construcción en la realidad siempre lo habías imaginado más grande, más pequeño, diferente. Eso me ocurrió con el edificio de la ópera de Sidney, que en un principio me pareció un edificio mucho más pequeño que el que yo había imaginado. Verlo desde el otro lado del puerto o desde un barco te da una medida visual equivocada. Es sólo cuando te sitúas bajo la escalinata cuando eres consciente de sus dimensiones. Lo mejor del edificio es que parece diferente según el ángulo desde el que lo observes: achatado si lo ves desde el puerto, muy alto si lo ves desde las escalinatas, pequeño si lo ves desde un barco, etc. En 1957 el arquitecto Utzon ganó un concurso internacional que le concedía el privilegio de diseñar un edificio para albergar la ópera de Sidney.

Ópera de Sidney

Ópera de Sidney

Pero en 1965, cuando Utzon no había terminado aún el interior del edificio, el nuevo gobierno liberal pensó que el edificio había sobrepasado ampliamente el presupuesto inicial y Utzon fue despedido. Así que Utzon, tras ser despedido se fue a descansar a Mallorca y no quiso saber más sobre el edificio. También diseñó Can Lis y Can Feliz en Mallorca, la iglesia Bagsværd en los suburbios de Copenhague y el edificio del parlamento de Kuwait. En 1999 el gobierno australiano consiguió que Utzon, tras el monumental cabreo, volviera a visitar su edificio en la bahía de Sidney.

Pasear por el Puerto de Sidney y Circular Quay, te dará la oportunidad de ver personajes de lo más variopinto. Mimos, cantantes, presuntos indígenas tocando el digeridoo, etc. Desde aquí salen los ferris que rodean la bahía y que te acercan a Darling harbour, lugar que merece la pena visitar. El tren rápido que llega hasta el aeropuerto tiene aquí una de las estaciones más conocidas.

Todo tipo de personajes

Todo tipo de personajes

La zona está llena de tiendas, terrazas y restaurantes, y es paso obligado para quienes visitan el edificio de la Ópera. Descubrí el digeridoo en mi estancia en Sidney, y que me perdonen los musicólogos, pero tiene un sonido espantoso. Así como el koto japonés suena a guitarra desafinada, el digeridoo australiano suena igual que si soplaras fuertemente por el extremo de un tubo hueco. ¿Qué eso es música?. Pues vale.

Digeridoo

Digeridoo

El puente de Sidney está considerado el mayor atractivo turístico de la ciudad, y por increíble que te parezca, por encima de la Ópera. Puedes cruzarlo en coche, pero también cruzarlo en bicicleta, subir a lo más alto del puente en un tour guiado, o también verlo desde la orilla o durante un paseo en barco. Es conocido como “la percha” debido a su forma curvada en su parte superior y recta en la inferior.

Sydney bridge "La percha"

Sydney bridge “La percha”

Es el 5º puente en dimensiones de este tipo de puentes (siempre la manía de aparecer en las guías como el más largo, el más alto, el más de lo más). Puedes escalar a su cima por 235 AUD o llegar hasta un poco más abajo por 258 AUD. Puedes subir de día o de noche. Si lo haces de noche, los precios son un poco más económicos. Aquí tienes más información si deseas escalar el puente de la bahía de Sidney.

Darling Harbour es sin duda otro atractivo turístico de la ciudad, con restaurantes, bares, un centro comercial, un cine IMAX, el acuario de Sidney, hoteles, el jardín chino y salas de exposiciones, así como un zoo. Es uno de los mejores lugares de la ciudad para ir a cenar o tomar una copa. Puedes llegar en ferry desde el puerto de Sidney o en monorail desde el centro de la ciudad.

Darling harbour de noche

Darling harbour de noche

Si vas a Darling Harbour de noche en ferry desde el puerto de Sidney, tendrás la oportunidad de ver el edificio de la öpera y el skyline de la ciudad iluminados.

La Ópera de noche

La Ópera de noche

Darling harbour de día

Darling harbour de día

Bondi beach sea quizá la mejor de las playas de Sidney, extremo que no puedo confirmar sino por lo que dicen todas las guías. Es una de las playas más cercanas al centro de la ciudad. Reconozco que visité la playa de Bondi porque vi una serie de documentales sobre esta playa, donde unos socorristas con cuerpo de modelos realizaban hazañas salvando a bañistas y surferos.

Surfero camino a Bondi beach

Surfero camino a Bondi beach

Más que la playa en sí me interesaba ver si era verdad que los socorristas de Bondi eran tan guapos y sopesar la posibilidad de hacerme la ahogada para que acudieran a mi rescate. Todo mentira. En la playa hay un edificio (no una caseta) donde se encuentran los socorristas.

Socorristas de Bondi beach

Socorristas de Bondi beach

No quiero decir que sean cincuentones barrigones, pero desde luego no son los que aparecen en el programa de televisión. ¡Menuda decepción!. Aún así la playa merece una visita, donde acuden las familias australianas a pasar el día y podrás ver cientos de surfistas sorteando las olas, ya sea invierno o verano. Al otro lado de la playa hay restaurantes, tiendas y terrazas donde sentarte a tomar algo.

Socorristas de Bondi Beach

Socorristas de Bondi Beach

Creo que los socorristas, lejos de protagonizar hazañas heroicas como nos muestran en el programa de televisión, sacan de vez en cuando a algún ahogado, curan a los surfistas de magulladuras y contusiones y poco más. En el programa televisivo te venden que salen a salvar a bañistas a punto de morir, surferos a punto de estrellarse contra las rocas, etc. Bahhhhhh

Surfeando en la playa de Bondi

Surfeando en la playa de Bondi

La playa de Bondi no está mal, es una playa abierta, de arena blanca y con buenas visitas, pero tampoco es un “imperdible” de Sidney. Si te sobra una mañana o una tarde en la ciudad acércate a la playa. Si no, tampoco merece mucho la pena.

Playa de Bondi

Playa de Bondi

Desde Circular Quay puedes coger el ferry a Manly, lo que te dará la oportunidad de tener unas magníficas vistas de la bahía de Sidney. El ferry cuenta con wifi gratuíto, así que como iba cargada con un mini portátil, enseñé a mi familia que estaba en España en directo la bahía de Sidney. Les advertí que no hablaran alto ni gritaran. Imposible. Los australianos me miraban como diciendo: ¡ de dónde habrá salido esta!.

Playa de Manly

Playa de Manly

La ciudad/pueblo/barrio (no sé cómo calificarlo) conserva aún edificios de principios de siglo y una gran playa donde ¡cómo no! acuden los surfistas.

Surfistas en Manly

Surfistas en Manly

Calles de Manly

Calles de Manly

En cualquier zoo australiano que visites podrás ver de cerca canguros, animales que en otras latitudes no tenemos oportunidad de ver. Si visitas el interior de Australia, como el Uluru, cerca de Alice Springs es posible que también los veas. Vistos al natural, los canguros me parecen unos animales bastante feos. Me sorprende bastante su cabeza, que me recuerda a las de los burros y su cuerpo parecido a los ciervos.

Canguros australianos

Canguros australianos

Viajando he confirmado que soy torpe, bastante torpe. Suelo usar gorras, no porque me parezcan prácticas, porque lejos de protegerme del sol me producen bastante calor en la cabeza, sino porque debido a mi punto coqueto, cuando mi pelo no está como a mí me gusta, lo camuflo usando una gorra. Es inevitable que durante un paseo en barco, con viento, o cerca de donde haya agua, la gorra vuela de mi cabeza e indefectiblemente cae al agua. Eso me ocurrió asomada a la barandilla del puerto de Sidney, una traicionera ráfaga de viento me robó la gorra, y ¡cómo no! cayó al agua. Yo no estaba dispuesta a meterme en el agua para rescatarla, porque a pesar de ser julio, estaba en pleno invierno australiano. Pero un chico joven, ni corto ni perezoso se quitó el abrigo, sobre el que depositó el móvil, se deshizo de zapatos y calcetines, se remangó los pantalones y se metió en el agua para rescatarla. Esta foto es un homenaje a ese australiano que rescató mi maravillosa gorra.

Don Juan australiano

Don Juan australiano

Tampoco es que me salvara de ser atacada por un león ni me salvara de morir en un incendio en la planta 45 de un rascacielos, pero el gesto merece otra foto.

Gorra rescatada

Gorra rescatada

Sólo decirte que Australia merece una visita. Me parece un país espectacular y con una gran variedad de paisajes y microclimas. ¿Lo mejor?. Los australianos, dentro y fuera de Australia. Suelen ser grandes viajeros, y he conocido australianos enm uchos países del mundo y siempre me han parecido encantadores.

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