De los nervios

La Paz, ciudad de contrastes

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Me gustan las ciudades de contrastes. En La Paz, capital de Bolivia, es posible encontrar grandes edificios y hoteles modernos junto a casas destartaladas en la falda de la montaña; hombres de negocios paseando por las calles con sus maletines, y mujeres ataviadas con sus trajes típicos y sus pequeños sombreros. Si no te afecta el mal de altura, La Paz es una ciudad que tiene encanto, y de la que puedes disfrutar paseando por sus calles y mercados. Fue fundada por el español Alonso de Mendoza en 1548, conocido como El Pacificador, por su labor en tierras bolivianas encaminadas a devolver la paz tras la insurrección de los hermanos Pizarro contra Blasco Núñez Vela, primer virrey del Perú. De ahí fue bautizada como La Paz.

Colina de La Paz

Colina de La Paz

La colina de La Paz completamente masificada

La colina de La Paz completamente masificada

La ciudad ocupa una gran extensión, y se encuentra en la depresión que forman las montañas a su alrededor. Las colinas están completamente urbanizadas sin orden ni concierto. Según me contó el guía, hace años se compraban las tierras a precios muy económicos y se construían casas de mala calidad sin seguir un proyecto urbanístico. Cada año, con la llegada de las lluvias, el agua arrasa muchas de ellas. Terrenos inestables y mala construcción han hecho que a lo largo de los años se produzcan muchos accidentes en estas viviendas.

La plaza Murillo es el eje principal de la ciudad, alrededor de la cual se encuentran la mayoría de edificios coloniales. Muchos de estos edificios han sido derribados por el alto coste de su restauración y mantenimiento, y han dado paso a edificios de nueva construcción. En esta plaza se encuentra la sede del gobierno boliviano, y a cualquier hora del día está llena de gente paseando por ella.

Sede del gobierno boliviano

Sede del gobierno boliviano

Plaza Murillo

Plaza Murillo

Haciendo guardia en la sede del gobierno boliviano

Haciendo guardia en la sede del gobierno boliviano

El sombrero de las mujeres en Bolivia Son muchas las mujeres que visten con ropas tradicionales: faldas largas, ponchos sobre los hombros y los inevitables sombreros tipo bombín sobre la cabeza. Llaman la atención los sombreros porque siempre son muy pequeños. No los llevan encajados en la cabeza, sino simplemente encima. Me dieron varias explicaciones sobre el uso generalizado de estos sombreros: Una: que debido a la cantidad de obreros ingleses que llegaron a Bolivia para construir el ferrocarril, se envió una gran cantidad de sombreros. Cuando llegó la remesa se dieron cuenta que eran muy pequeños, y los obreros decidieron venderlos muy baratos a las mujeres bolivianas, que comenzaron a utilizarlos.

Típico atuendo de las mujeres bolivianas, con los bombines típicos

Típico atuendo de las mujeres bolivianas, con los bombines típicos

La segunda es que cuando los británicos dejaron de vivir en La Paz, una tienda de sombreros decidió rebajar el precio y deshacerse rápidamente del stock, y las mujeres, deseosas de parecerse en algo a los europeos, aunque fueran pequeños los usaban y crearon tendencia. La tercera es que las bolivianas lo utilizan el bombín como símbolo jerárquico dentro de su sociedad, como expresión de poder e inteligencia. Sea como sea, las mujeres bolivianas aún siguen usándolos.

Paseando por la plaza Murillo

Paseando por la plaza Murillo

A unos 10 km de La Paz se encuentra el Valle de la Luna, en la pequeña localidad de Mallasa. Se trata de un paisaje espectacular de rocas que se han formado durante miles de años. La erosión, la lluvia y el viento han hecho que las rocas adquieran formas caprichosas y que ofrezcan un paisaje único, un paisaje lunar. Puedes observar formaciones que han bautizado como: Madre Luna, El Sombrero de la Dama o El buen Abuelo.

Paisaje lunar

Paisaje lunar

Parque de cactus

Cactus en el Valle de la Luna

Formaciones rocosas

Formaciones rocosas

Odio que me persigan vendedores en cualquier lugar del mundo ofreciéndome postales, pulseras o cualquier cosa que no quiero ni necesito. El día que visité el valle de la luna había un vendedor que en cuanto entré pensó que era una clienta segura. Como no había muchos turistas, decidió seguirme durante toda mi visita. Al principio le dije amablemente que no quería comprarle ninguna de sus flautas artesanas aunque él me prometiera que eran maravillosas y muy fáciles de tocar. Recuerdo con horror las clases de flauta en el colegio, y no pensaba comprarle una flauta ni loca. A mitad de camino, y viendo que yo no iba a soltar el dinero se dedicó a brincar de roca en roca haciendo “la cigüeña” para llamar mi atención. Mi enfado por su insistencia cambió a preocupación, porque el sujeto se subía a rocas de varios metros de altura, colocaba los brazos en cruz, levantaba una pierna y decía: “Vale, no me compres nada, pero hazme una foto”. Pensé que estaba completamente loco, y que en uno de esos saltos se iba a abrir la cabeza. Resultado: Tengo en mi casa una flauta boliviana que jamas he utilizado ni utilizaré con su funda de llamativos colores.

Vendedor haciendo "la cigüeña"

Vendedor haciendo “la cigüeña”

El mercado de las brujas se encuentra en el centro de la ciudad. Es donde los bolivianos acuden a comprar alimentos, ropa, calzado. De todo. Es conocido como mercado de las brujas porque es también donde compran sus amuletos para la buena suerte, remedios medicinales, figuras para la longevidad y la fertilidad, etc. Cientos de puestos y tiendas donde se venden los objetos más variados.

Amuletos en el Mercado de las Brujas

Amuletos en el Mercado de las Brujas

Puestos de frutas y verduras en el Mercado de las Brujas

Puestos de frutas y verduras en el Mercado de las Brujas

Lo que más llama la atención del Mercado de las Brujas es la gran cantidad de fetos de llamas que aparecen colgados o en grandes barreños para su venta. Según las creencias de los indígenas bolivianos, hay que enterrar el feto de uno de estos animales en el lugar donde se va a construir una vivienda. Proporcionará protección a la familia y protegerá la casa de incendios y terremotos. Este enterramiento procura protección y suerte para sus futuros habitantes. Las mujeres que venden estos artículos insisten en que no se mata a las hembras de llama para extraer los fetos, sino que se trata de abortos naturales.

Diferentes amuletos

Diferentes amuletos

Viendo la cantidad ingente de fetos que se vende en este mercado me hace sospechar que no es posible tanto aborto natural, y que aprovechan que las hembras están embarazadas para extraer sus fetos, artículo muy codiciado entre los bolivianos. No me puedo creer que las llamas bolivianas tengan embarazos tan complicados y que sean tantas y tantas las que no llevan el embarazo a término.

Fetos de llamas

Fetos de llamas

Me hizo gracia que paseando por el mercado, le comenté a mi guía que necesitaba comprar un cortaúñas. Nos acercamos a un puesto, lo pedí, y tras pagar el equivalente a 90 céntimos de euro, iba yo tan contenta con esa compra tan barata y estupenda, cuando mi guía se volvió y me comentó: “Te ha timado, te ha cobrado de más”. ¡Pues bueno, no me preocupa. Es el cortaúñas más barato que he comprado en mi vida!.

Debido al mal de altura, mi guía llevaba en el coche una botella de oxígeno y mascarillas por si alguno de sus clientes lo necesitaba para respirar. La ciudad de La Paz se encuentra a 3.600m de altura sobre el nivel del mar, por lo que no es extraño que muchos turistas sufran los síntomas del mal de altura o soroche. Muchos equipos de fútbol evitan jugar en la capital boliviana porque los jugadores sufren por el ejercicio con un porcentaje muy bajo de oxígeno. También es conocido como apunamiento o mal del páramo. No es más que la dificultad que tiene el organismo para adaptarse a la hipoxia (falta de oxígeno en el aire), e influye la velocidad a la que se realiza el ascenso para que el cuerpo tenga más dificultad en adaptarse a la nuevas condiciones. Suele producirse a partir de los 2.400 m y es en los 8.000 m donde se encuentra la denominada “Zona de la muerte”. Sus síntomas son: falta de apetito, dolor de cabeza, trastorno del sueño, agotamiento, vómitos y pérdida de la conciencia. En su estado más grave puede producir edema pulmonar y la muerte. Jamás he padecido mal de altura en zonas como Machu Picchu, Bolivia o los Himalaya en Nepal, pero sí he visto desplomarse a una mujer joven en las ruinas peruanas y tener que ser evacuada por una ambulancia.

Oxígeno para el mal de altura

Oxígeno para el mal de altura

El aeropuerto de La Paz se llama “El Alto” no por capricho, sino porque se encuentra a más de 4000 m de altitud. Al llegar a la terminal e intentar facturar la maleta me dijeron que no era posible porque la había plastificado. ¿Cómo?. Ante la duda de la existencia de este servicio en algunos aeropuertos del mundo, donde plastifican la maleta, viajo con rollos de cocina de plástico y cinta adhesiva de embalar. Sé que es algo muy cutre, pero prefiero pasar por cutre a pasar el mal trago de que alguien introduzca algo en mi maleta y tener que dar explicaciones en los controles aduaneros y acabar en comisaria o en la cárcel. Pues me dice la azafata de facturación que no puedo facturar sin pasar por el control de narcóticos. ¿Cómo?. Me llevan a una sala y acude una mujer de la policía boliviana con cara de pocos amigos y me dice que tengo que abrir mi maleta y sacar todo. ¡Ay mi madre!. Menos mal que siempre voy con mucho tiempo de antelación al aeropuerto, porque tuve que vaciar la maleta completamente, y la policía revisó prenda por prenda todo mi equipaje, revisando con mucha atención todo tipo de calzado y la cinturilla de los pantalones. Entonces me acuerdo que he comprado una bolsa de caramelos de coca. ¡Ay mi madre!. Los caramelos de coca los venden como aquí se venden los chicles, es algo normal, y los utilizan para el mal de altura.

Caramelos de coca

Caramelos de coca

La mujer abre la maleta, y bajo 2 o 3 prendas aparece la bolsa de caramelos donde se lee claramente “COCA”. ¡ Ay mi madre!. Al sacar unos pantalones la bolsa queda escondida bajo otras prendas, y tras un rato bastante largo da por finalizada la inspección. Yo respiro aliviada. Espera a que introduzca todo en la maleta y me observa atónita mientras saco el rollo de plástico que siempre llevo de reserva y la cinta adhesiva y precinto de nuevo la maleta. Con un rotulador grande escribe con letras enormes POLICÏA NACIONAL DE BOLIVIA. Y más abajo UNIDAD DE DROGAS Y CRIMEN ORGANIZADO (UDYCO). Y más abajo aún TEST PASSED. Cuando salgo de la estancia sólo quiero facturar pronto la maleta, no quiero pasearme por el aeropuerto con una maleta donde se puede leer UNIDAD DE DROGAS Y CRIMEN ORGANIZADO. Imaginaba que me pondrían un sello o pegatina, pero jamás que iban a escribir todo eso en la maleta.

Pero aún me esperaba la última sorpresa en el aeropuerto de Bolivia. Mi siguiente destino es Brasil, y me extraña que haya tan poca gente. En la puerta de embarque sólo estamos 9 o 10 personas, y ya en el avión no me parece muy grande teniendo en cuenta que realiza un vuelo internacional. Me siento y veo que no hay más pasajeros y que estamos desperdigados por el avión. Ni siquiera a una pareja de brasileños los han sentado juntos. Al pasar la azafata le pregunto si este vuelo va siempre tan vacío, y me dice que sí, que al encontrarse el aeropuerto de La Paz a más de 4000 m de altitud, los aviones no pueden llevar mucho peso. Que incluso la nave lleva la cantidad mínima de combustible necesaria para poder elevarse sobre las colinas de La Paz y llegar a Santa Cruz, donde tiene que repostar irremediablemente. Entonces pienso preocupada que esa manera de colocar al pasaje se debe a que hay que calcular y compensar el peso en la nave. Vale, pues ya me quedo mucho más tranquila…

Despegando del aeropuerto de La Paz

Despegando del aeropuerto de La Paz

Cuando el avión toma pista para despegar me parece que la pista es más larga de lo normal o que al avión le cuesta tomar altura. Entonces pienso por enésima vez en mi vida: “Vale, voy a morir”, “Este aparato no alcanza la altura suficiente para sobrepasar esas montañas ni de broma, así que haré una foto para dejar un documento gráfico de mis últimos instantes de vida”. Pero sí, sobrepasó las montañas, repostó en Santa Cruz y llegué sana y salva a Brasil.

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