De los nervios

Un campo militar llamado Israel #viajar

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El estado israelí obliga a los jóvenes al cumplir los 18 años (cuando terminan el colegio) a prestar el servicio militar obligatorio (Tzavá). Los hombres realizan un servicio militar de 3 años, mientras que las mujeres, también obligatorio para ellas, de 21 meses. Una vez finalizado el servicio militar pueden comenzar sus estudios universitarios, pero no compaginarlos. Al terminar este servicio pueden ser contratados por el ejército. No obstante, los hombres (y no las mujeres) deberán prestar un servicio anual al ejército de unos 45 días al año hasta cumplir los 45. Parece que el cordón umbilical entre el ejército y la población civil jamás se rompe.

En 2013 se ha aprobado el primer borrador por el que los judíos ultraortodoxos estarán obligados a cumplir el servicio militar, al principio con un número testimonial (sólo 1.800). Pasarán de estudiar las leyes sagradas de la Torá a estudiar todo lo que cualquier militar de base debe saber: estrategias de defensa, destrezas de campamento, navegación, topografía y clases teóricas, en las cuales se hace énfasis en la situación actual de la seguridad israelí y en la historia de los conflictos políticos de la región.

Jóvenes soldados israelíes en un autobús

Jóvenes soldados israelíes en un autobús

Es muy común ver a jóvenes que están realizando el servicio militar llevándose el arma a casa. Si visitas Israel puedes verlo en cualquier sitio: autobuses, restaurantes, trenes, centros comerciales, etc. igual que cualquier joven se lleva los libros a casa cuando termina su jornada escolar en cualquier otro país del mundo.

Los que se niegan a prestar este servicio, conocidos como shministim, ingresan en la cárcel. Suelen ser estudiantes de último curso universitario, que por motivos de conciencia, políticos o personales no quieren regalar al estado 3 años de sus vidas. Negarse a realizar el servicio militar no incluye sólo una pena de cárcel, sino también la condena y la exclusión social. Son muchos los familiares que llevan como una pesada carga y una vergüenza extraordinaria que su hijo/a se niegue a prestar el servicio militar, e incluso cortan las relaciones con ellos por este motivo. Durante su encarcelamiento, asisten a varios procesos judiciales castrenses, entrando y saliendo de prisión constantemente. Finalmente, y si los jóvenes siguen firmes en su decisión, serán absueltos tras dos o tres años, argumentando que padecen trastornos mentales. No existe otra forma de argumentar que alguien no quiera servir al ejército israelí. Es como decir que están completamente locos.

Paseando por un centro comercial con el arma al hombro

Paseando por un centro comercial con el arma al hombro

Desde pequeños son educados en la defensa de la patria y en aprender una historia de su país completamente parcial y engañosa. Cuando los objetores de conciencia salen por fin de la cárcel, la vida se vuelve difícil para ellos. Excluidos de la sociedad como apestados sociales, encuentran muchas dificultades incluso para sacarse el carné de conducir, convertirse en funcionario o acceder a un puesto de trabajo de seguridad o vigilancia.

Algunos de ellos intentan rebelarse a través de las redes sociales, por lo que hoy se controla todo lo que estos jóvenes comparten con el mundo a través de Facebook o Twitter. Desde pequeños se inculca a estos niños en la escuela el gran honor que será servir en el futuro a su país ofreciendo 3 años de sus vidas. Realizan simulacros de ataque, tienen charlas con militares en clase y visitas a campamentos.

En el tren

En el tren

Obsesionados por la seguridad, quien visita Israel tendrá que enseñar varias veces el pasaporte en el aeropuerto, contestar preguntas del control de inmigración como: a qué vas a Israel, si conoces gente en el país, a qué te dedicas, por qué llevas dos cargadores de móvil en tu equipaje de mano (uno lo utilizo sólo como alarma), motivo por el que tu ordenador portátil tiene una cinta adhesiva pegada (porque se me ha caído, ¡oiga!), si has intentado abrir o manipular el ordenador, si piensas cometer un acto terrorista en Israel o si llevas explosivos… Si vuelas hacia Israel o vuelas de regreso, cuando te aproximas al espacio aéreo israelí el capitán del avión avisa por megafonía a los pasajeros que hasta llegar al aeropuerto de Tel Aviv está completamente prohibido levantarse para ir al baño… Y durante tu estancia allí, te hartarás de pasar arcos de seguridad en hoteles, museos, estaciones de tren o centros comerciales. Si a esto sumas que los jóvenes que hacen el servicio militar pasean tranquilamente con sus armas por cualquier sitio, la situación te produce desasosiego e intranquilidad.

Cuando visité el Museo del Holocausto de Jerusalén, con escenas terribles y difíciles de digerir, escribí en el libro de visitas: “Ojalá Israel haya aprendido lo que es el dolor y la injusticia a través de su historia y les sirva de enseñanza. Ojalá otros pueblos no sufran en el futuro lo que ellos sufrieron. Ojalá no exista en el futuro una justificación ni perdón hacia el que causa tanto dolor de manera gratuita a otro ser humano”. Salí más o menos corriendo del edificio, pensando que si alguien lo leía sería detenida. Durante mi visita había varios grupos de jóvenes soldados, visita obligatoria de aleccionamiento para ellos. Ojalá alguno de ellos lo leyera.

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