De los nervios

LagoTiticaca: De Puno a Copacabana

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Durante mi viaje a Perú me alojé en un hotel en el mismo lago Titicaca, en la ciudad de Puno. Se trata de uno de los lagos más grandes del mundo y el que se encuentra a mayor altitud (casi 4.000 m de altitud).

Vistas del lago Titicaca desde la habitación del hotel

Vistas del lago Titicaca desde la habitación del hotel

Por la mañana temprano nos dirigimos a visitar las islas flotantes de los Uros, uno de esos lugares que no sabes si se han construido ex proceso para el turista. Una guía con un conductor vinieron a recogerme al hotel. En la furgoneta ya estaban acomodados una pareja de americanos y dos brasileñas. Todos se sorprendieron de que viajara sola (casi siempre me ocurre). Tras subirme al bote, nos acercamos a la primera de estas islas.

Isla flotante

Isla flotante

Las islas son artificiales, construidas por los Uros a base de entretejer totora, que es una planta autóctona. Trenzan largas tiras de esta planta hasta formar un colchón de gran grosor sobre el que construir sus casas. Todo está hecho con este material.

Barcas y casas construidas con totora

Barcas y casas construidas con totora

Continuamente han de renovar la base de la isla con más totora para evitar que se hunda o que el agua del lago acabe por deshacerla.

Uros

Uros

Cuando el bote llega a la isla, un grupo de sus habitantes se acerca a la orilla para recibir a los turistas, entonando una canción típica. Este tipo de circos humanos donde se obliga a los habitantes de cualquier lugar a hacer el mono delante de turistas por unas pocas monedas me desagrada completamente. Se desenvuelven como autómatas: se acercan a la orilla, cantan una canción con pocas ganas de hacerlo y el semblante serio.

Es curioso que a pesar de no tener una gran población, casi cada día hay una boda en alguna de las islas, lo que me hace sospechar que no son bodas reales, sino una performance turística.

Mujer de las islas flotantes

Mujer de las islas flotantes

Los habitantes de la isla van vestidos con ropas de vivos colores realizadas por ellas mismas. Viviendo en la isla flotante sufren la continua humedad del lago, y deben ir muy abrigadas.

Tejiendo productos que luego venden

Tejiendo productos que luego venden

El viento que azota la isla y el frío hace que en su piel esté completamente tostada y que incluso aparezcan manchas oscuras en su piel debidas al frío. Los rayos ultravioleta son más intensos y peligrosos en verano, en zonas próximas al ecuador, y en grandes altitudes. Realmente se trata de quemaduras debidas a las inclemencias del tiempo.

Mujeres peruanas de las islas flotantes

Mujeres peruanas de las islas flotantes

Desconozco hasta qué punto sus habitantes están contentos de vivir en estas condiciones, aunque siendo una atracción turística, no sé si son ellos los que desean vivir allí o son las compañías turísticas los que les obligan a seguir en estos tiempos viviendo bajo tan duras condiciones. No sé a qué se dedican que no sea a vender artículos a los turistas. Quizá hace años vivían de la pesca y la agricultura, pero hablando con una de estas mujeres, me contó que solamente viven allí y reciben a los turistas, que reciben dinero de las agencias de viajes por llevar a turistas y que obtienen algún ingreso extra por la venta de sus artículos.

Pequeñas barcas de totora que utilizan para desplazarse por el lago

Pequeñas barcas de totora que utilizan para desplazarse por el lago

Aprovechan cualquier instante en que los guías no se encuentran cerca para hablarte de lo dura que es su vida, para intentar venderte algún artículo o para pedirte dinero casi descaradamente para “ayudar a sus hijos” con los gastos de su escolarización.

Amanecer en el lago Titicaca

Amanecer en el lago Titicaca

Ver amanecer a la mañana siguiente en el lago Titicaca es un espectáculo, pero un presentimiento me decía que algo iba a ocurrir. Vinieron a recogerme el conductor y la guía peruana. En la furgoneta ya se encontraban la pareja de americanos y las dos brasileñas. Había conocido a la guía peruana el día anterior, y a los 5 segundos de conocerla sabía que tendría problemas con ella. Me ocurre pocas veces, pero hay veces que conozco a alguien y sé desde el minuto 1 que jamás congeniaré con esa persona, que por algún motivo, y sin razón justificada, no me gusta. Eso me ocurrió con la guía peruana.

Ese día nos dirigíamos a Desaguadero para cruzar la frontera y continuar el viaje por Bolivia. A una hora de Puno aproximadamente por una carretera bastante regular, nos encontramos que una huelga de maestros había cortado la carretera. Nadie podía pasar.

Huelga de maestros

Huelga de maestros

Los coches y camiones estaban apartados a un lado de la carretera, y los manifestantes habían llenado la carretera de piedras y hogueras. La gente lanzaba piedras contra no sé quién mientras gritaban y corrían por ambos lados de la carretera. Los americanos y yo nos mirábamos con cara de preocupación, ya que no nos parecía ninguna broma. La guía preguntó a uno de los manifestantes si nos dejarían pasar, y éste dijo que no, que como mucho cruzáramos andando, pero que no garantizaba nuestra seguridad.

¿Cruzar o no cruzar?. He ahí la cuestión

¿Cruzar o no cruzar?. He ahí la cuestión

Los americanos me pidieron que transmitiera su preocupación a la guía, que no veían seguro cruzar a pie entre los manifestantes, que quizá algún manifestante exaltado la tomaría con nosotros, que visiblemente éramos turistas.

Entonces la guía nos dijo que tomaríamos un camino alternativo que “ella conocía”. Nos salimos de la carretera y animó a los de otra furgoneta a que nos acompañaran. Atravesamos kilómetros y kilómetros de nada, con alguna casa que otra desperdigada por la inmensa superficie que recorrimos.

Fuera de la carretera

Fuera de la carretera

De vez en cuando nos encontrábamos con alguna mujer de la zona. Parábamos, y la guía le preguntaba. Estaba segura que ella no tenía ni idea ni de dónde estábamos ni por dónde ir, pero ella aseguraba una y otra vez que conocía el camino como la palma de su mano.

¿Sabe usted por dónde se va?

¿Sabe usted por dónde se va?

Llegamos a un río con poco caudal, y dijo que tendríamos que cruzar. El americano me pidió que le dijera que si cruzábamos, las ruedas se quedarían atrapadas en medio del río. Pero ella aseguraba que eso no ocurriría, pero que se bajaría a realizar una inspección. Se bajó con el conductor y realizó una “inspección” ocular, e hizo que el conductor se descalzara y se metiera en el río descalzo y con los pantalones remangados para comprobar la profundidad.

Inspeccionando el río

Inspeccionando el río

El pobre conductor así lo hizo, y ella nos comunicó su dictamen: se podía pasar perfectamente. Ella desde la orilla dirigiría a la otra furgoneta del trazado exacto que debía seguir. A continuación cruzaríamos nosotros. Resultado: la otra furgoneta se quedó encallada en el río. La guía, lejos de reconocer su error, aseguró que la culpa había sido del otro conductor, que no había seguido sus indicaciones.

La furgoneta, inutilizada en medio del río

La furgoneta, inutilizada en medio del río

Lo más increíble fue, que tras ver cómo la otra furgoneta se quedaba bloqueada, se subió rápidamente a la nuestra y le dijo al conductor que diera la vuelta. Le dijimos que teníamos que encontrar la manera de avisar a alguien, o de echarlos una mano. Contestó que avisaría por teléfono para que acudiera una grúa. ¿Una grúa?. Creo que por esos parajes no se ha visto en la vida una grúa. A ella le daba igual, tenía que continuar con su programa, porque si no, no cobraba, así que volveríamos a la carretera, que ya estaría despejada.

Manifestantes y hogueras en la carretera

Manifestantes y hogueras en la carretera

Pero no, no estaba despejada. La guía nos repitió que ella tenía que seguir su programa, y que iba a cruzar. Si los americanos y yo teníamos miedo podíamos quedarnos allí. Tras la consulta con los americanos, decidimos cruzar con ella, ya que nos quedaríamos sin transporte y perdidos en medio de la nada.

Bajamos todo el equipaje y comenzamos a andar cuesta arriba, y fue entonces cuando la mujer americana se desmayó. La zona se encuentra a casi 4000 m de altitud, y la americana, de unos 60 años no pudo con el esfuerzo de subir la carretera con tan poco oxígeno y cargada con el equipaje. El mal de altura comienza a hacer estragos a partir de 2.500 m, y nosotros estábamos a casi 4.000. Entonces fue cuando me decidí a plantar cara a la guía peruana. Le dije que no cruzaríamos entre los manifestantes hasta que no consiguiera un transporte alternativo para, al menos, llevar el equipaje.

Mientras la americana se recuperaba, la guía peruana, de la que no recuerdo su nombre ni quiero acordarme, avisó a varios manifestantes para que, tras pactar un precio, nos ayudaran a cruzar entre la manifestación. Los hombres se movían a paso ligero, acostumbrados a la falta de oxígeno. Nos advirtieron que no hiciéramos fotos y que intentáramos pasar inadvertidos para evitar cualquier incidente. Cargaban nuestras bolsas e incluso llevaban las maletas sobre bicicletas.

Cuando estábamos a mitad de camino, los manifestantes notaron nuestra presencia y comenzaron a gritarnos “¡Gringos, gringos!”. ¡Ay mi madre!…¡Me van a partir la cara y ni siquiera soy americana!… Seguimos caminado sin pararnos y haciendo caso omiso de los gritos y de algún que otro insulto, y por fin llegamos al otro lado de la manifestación. Pero entonces nos encontramos con otro problema: la guía sabía que no iban a dejar pasar a nuestro conductor, así que no teníamos medio de transporte.

Paró una furgoneta y tras negociar con el conductor, se bajaron las personas que iban en ella y nos subimos nosotros. En la parte trasera había 5 o 6 gallinas y ¡4 bidones de gasolina!. Pensé que si un coche nos daba un golpe por detrás nuestros pedazos se esparcirían por todo el lago Titicaca.

Transporte alternativo

Transporte alternativo

Entre el traqueteo de la furgoneta por la carretera llena de baches y los bidones de gasolina justo detrás de mí, junto con las gallinas cacareando y revoloteando, pensé que el trayecto se hacía interminable. Pero no, aún iba a ser peor. Tenía que parar en una “gasolinera” para recoger 5 bidones más de gasolina, ya que el conductor se dedicaba al suministro  de gasolina a aldeas remotas.

"Gasolinera"

“Gasolinera”

A ambos lados de la carretera había cada pocos metros pequeños altares con imágenes y flores. Le pregunté a la guía ¿Para qué narices tengo que preguntar?, y me dijo que en esa carretera había muchos accidentes, y que eran capillas que colocan los familiares de los fallecidos. ¡Ah, vale, pues ya me quedo mucho más tranquila!. O sea, íbamos 7 personas en una furgoneta como para el desguace, con 6 gallinas y ahora con 11 bidones de gasolina…

El colmo de los colmos fue cuando la guía, queriendo amenizarnos el viaje, comenzó a hablarnos sobre la situación de Perú, y como siempre, al final la culpa era siempre de los colonizadores españoles. ¡Ah, no, no, por ahí sí que no paso!. Ya me había tocado suficientemente las narices, y eso ya no lo iba a aguantar. Le contesté (mientras al mismo tiempo también traducía a los americanos lo que le decía) que sí, que los colonizadores españoles habían robado, matado y expoliado, al igual que hicieron todas las potencias europeas allí donde llegaron. La historia no se puede negar. Pero que no, los españoles no acabaron con los indígenas: no tenía más que mirar a su alrededor y comprobar que la mayoría de la población tiene rasgos indígenas. Y que sí, que los españoles habían expoliado y robado oro y plata, pero que lo que extrajeron los españoles hace 5 siglos no puede compararse, por tecnología e industrialización, con lo que se había extraído más tarde. Los quintos reales de aquella época no suponían el expolio que ellos aseguran. Que es ilógico culpar a los españoles de sus problemas actuales cuando hace más de 200 años se independizaron. Perú es un país maravilloso de gente maravillosa, y en más de 200 años de independencia no han sabido utilizar sus recursos y crear una sociedad justa y un reparto equitativo de la riqueza.

Cuando llegamos a la frontera en Desaguadero, el americano me pidió que le dijera que se alegraba de haber llegado por fin a la frontera jugándose la vida, pero que se alegraba más aún de dejar de ver su cara. Así lo traduje y así se lo transmití.

Pero nuestra odisea no había terminado. Tras formalizar nuestra entrada en la aduana, nos llevaron en coche hasta el borde del lago para realizar un tour por el lago Titicaca antes de llegar a Copacabana.

Lago Titicaca

Lago Titicaca

Era un día soleado y el lago estaba tranquilo. Por fin podíamos relajarnos y disfrutar del hermoso lago en aguas bolivianas.

Isla del Sol

Isla del Sol

Visitamos la isla del Sol y navegamos por el lago en dirección a nuestro destino. Le pregunté a nuestro guía boliviano sobre el extraño color del agua, y me dijo que se acercaba una gran tormenta. No sabía si traducir lo que me había dicho a la pareja de americanos. Pero no tuve más remedio, porque a los 10 minutos nos obligaron a ponernos los chalecos salvavidas, mientras el barco daba botes y saltaba sobre las olas, la lluvia azotaba el casco y fuera parecía que el agua se había vuelto negra.

Tormenta en el lago Titicaca

Tormenta en el lago Titicaca

Yo desconocía que en un lago hay olas tan grandes, que embisten a los barcos por todos lados y que hacen que éste se balancee de un lado a otro, que el viento suena de ese modo tan grave, y que se puede pasar tanto miedo en un lugar que  a primera vista parece inofensivo. Entonces fue cuando el capitán del barco dijo que creía que se había perdido. Pidió a uno de los ayudantes que desplegara un mapa, y se afanaba por buscar en él dónde nos encontrábamos exactamente. ¡Genial!

¿Dónde estamos?

¿Dónde estamos?

Luego el guía me contó que el capitán le había confesado que realmente él no era el capitán. Su padre, el verdadero capitán, había cogido tal borrachera la noche anterior bebiendo cerveza casera, que había sido imposible despertarlo a la mañana siguiente. Pero que como el hijo había acompañado muchas veces a su padre, estaba convencido de poder hacerlo bien, y se había arriesgado a tomar el timón de su padre. Por supuesto que no traduje esta última parte a la pareja de americanos, porque pensé que ella ya había llegado al límite, y confesarle aquello mientras el barco seguía dando tumbos sin saber dónde ir, no haría que se sintiera más relajada precisamente.

Tras dar varias vueltas por el lago atemorizados en el interior, por fin llegamos a Copacabana, y la americana me confesó que jamás había rezado tanto en su vida.

En Bolivia también hay 4 o 5 islas flotantes de reciente construcción, por el éxito económico y turístico que han tenido las peruanas. Nos propusieron visitar la isla de Inti Huata (isla flotante) al día siguiente, pero preferí quedarme en Copacabana.

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13 pensamientos en “LagoTiticaca: De Puno a Copacabana

  1. Soy Colombiano, Estoy planeando un viaje por Peru y Bolivia y dejando de lado la rivalidad por algo ocurrido hace más de 400 años, definitivamente guias como esa se deben denunciar, gracias a Dios no ocurrio nada, pero el comportamiento de esa señora pudo desencadenar en una tragedía.

    Y lo del capitan sustituto sin palabras!!

    • Hola Antonio, yo estoy planeando un par de viajes, uno a Peru Bolivia q hare a finales de abril y otro a Colmbia y algun pais vecino para finales de Agosto. Pregunto, será posible contar con sus recomendaciones sobre este viaje? saludos desde Costa Rica.

  2. Efectivamente, gente poco profesional hay en todos sitios, pero es imperdonable cuando tu vida depende de ellos. Un saludo.

  3. Soy Sevillano, en mi caso todo fue bien, en puno(llegando de Arequipa) tomamos un tour que nos llevaría por los uros, amantaní y otra isla más peruana, un guía estupendo, dormimos en esa isla y a la vuelta a Puno, autobus para copacabana sin ningún problema desde donde tomamos un barco para la isla de sol.

  4. gracias por tus comentarios me he reido mucho. Estoy a punto de viajar desde españa a Lima Cuzco Puno y copacabana y te agradezco tus comentarios para ir mucho mas preparado y ojo avizor de lo que podria pasar. Gracias

  5. Gonzalo, seguro que te encanta el viaje. Bolivia y Perú son dos destinos que nadie debería perderse. ¿Buen viaje!

  6. Jajajja , me ha parecido buenísimo , estoy preparando nuestras próximas vacaciones a Peru, me gustaría hacer el crucero por el lago Tiquitaba pero que nos dejaran en Isla de Sol para pernoctar, no se si se puede o conoces a alguna agencia que lo haga. Nosotros tuvimos una experiencia también por el estilo con una guía China el día que nos tocaba la visita a la Muralla china y me paso lo mismo que a ti, desde el primer minuto supe que habría problemas con ella, algún día lo contaré: era una mentirosa compulsiva
    Gracias por la información ;

    • Hola Pilar!
      Efectivamente puedes pasar la noche en las islas. Pregunta en cualquier agencia de Puno o incluso de La Paz. De hecho en mi barco viajaba gente que iba a pasar la noche allí y tuvimos que hacer parada para dejarlos.
      Un saludo y suerte!

  7. Wawww que odisea pasaste en tu viaje!

  8. Me gustó todo tu relato, qué nervios todo lo que te pasó!!!!!! Soy peruana (del norte, Trujillo) y estoy ahora en Puno viajando sola y decidiendo cómo llegar a Copacabana, ojalá todo salga bien, por otro lado, recomiendo a los turistas extranjeros que si tienen la mala suerte de llegar cuando hay huelgas de ese tipo lo mejor es ponerse firmes con las agencias y NO TRATAR DE CRUZAR, más vale perder un día de viaje a que algo les pase, la gente sureña de Perú es muy brava cuando hacen huelgas, así que si ven eso, evitenlo de cualquier manera! Pero esto no sucede siempre hay que tener mala suerte para q te cruces con una huelga. Saludos.

    • Hola Claudia
      Estoy de acuerdo contigo. Una pena que una guía tan poco profesional (guías poco profesionales hay en todo el mundo) nos impidiera disfrutar de la belleza del sur de tu país.
      Espero que disfrutes de tu viaje.
      Un saludo

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