De los nervios

Bielorrusia, un viaje en el tiempo

11 comentarios

Viajar a Bielorrusia es un viaje en el tiempo de unos cuantos años. En el mes de diciembre de hace un par de años me propusieron viajar a Minsk con un grupo de amigos. ¿A Bielorrusia? ¿Y por qué no?. No me paré a pensar en los -22 grados ni en que apenas sabía nada de aquel país. ¡Sí, me apunto!. Tras una escala en Praga llegamos finalmente al aeropuerto, y nada más bajar y acceder a la terminal has echado el calendario hacia atrás al menos 20 años. Con unas instalaciones al más puro estilo soviético, un funcionario del gobierno bielorruso sentado tras una máquina de escribir tramitaba los visados. El trámite era lento, y el funcionario, con sus manos protegidas por unos guantes tecleaba con parsimonia los datos de cada pasaporte. De vez en cuando miraba a través de la ventanilla tratando de comprender a un grupo de españoles que se atrevían a viajar a su país con aquellas temperaturas. Una vez superados todos los trámites de entrada, nos esperan en el autobús nuestras guías: digo guías porque una era una guía turística y otra una guía que imponía el gobierno bielorruso para controlarnos.

Guía del viaje y guía del gobierno

Guía del viaje y guía del gobierno

Estaba siendo un invierno especialmente frío, y las calles se encontraban completamente cubiertas de nieve. La ciudad fue destruida casi completamente por los bombardeos alemanes de la II Guerra Mundial, así que la mayoría de los edificios tienen 60 años como mucho. En 1944 Minsk fue reconquistada por el ejército soviético, cuando casi el 90% de la ciudad estaba destruida.

Calles de Minsk

Calles de Minsk

Por las calles de Minsk, aunque no era demasiado tarde, no transitaba un alma, ni siquiera coches. ¿A quién se le puede ocurrir bajar a la calle a hacer fotos con casi -25 grados con un trípode y toda la parafernalia?. Pues a mí. Coloqué el trípode en la acera y me aparté para protegerme del viento bajo un edificio, y con el disparador hacía fotos a distancia, dejando el obturador abierto todo el tiempo que podía. Algunos coches pasaban y aminoraban la marcha pensando si yo era una prostituta a la espera de clientes o si la cámara era mía y estaba completamente loca. Al regresar al hotel agradecí un buen plato de sopa muy caliente que me hizo entrar en calor al instante gracias a la generosa cantidad de paprika que había puesto el cocinero en ella.

Calles de Minsk a -25 grados

Calles de Minsk a -25 grados

Más que un grupo de amigos éramos un grupo de suicidas, que tras la cena no tuvimos una idea mejor que salir a dar un “paseo” por los alrededores del hotel. El paseo fue más bien corto, porque el frío nos atenazaba todos los músculos. Al volver al hotel, el barman del bar nos contaba que estaban atravesando una ola de frío siberiano, y que en el norte del país y algunas zonas de Rusia habían muerto ya varias personas. Chupitos de vodka en el cuerpo tras someterlo a tan bajas temperaturas, es como echar agua caliente sobre cubitos de hielo. Parece que el cuerpo se rompe poco a poco por dentro.

Vodka, un artículo imprescindible en el invierno bielorruso

Vodka, un artículo imprescindible en el invierno bielorruso

En los años 80, el accidente de Chernóbil tocó una gran parte del sureste del país, e incluso hoy el acceso a algunas zonas se encuentra aún restringido. Durante esta época, fueron muchas las familias españolas que acogían a niños bielorrusos y pasaban largas temporadas en España de vacaciones, unos recibiendo tratamientos médicos, y otros tratando de olvidar el horror y la tragedia que la explosión dejó en sus familias. Hoy se pueden encontrar una gran cantidad de bielorrusos que hablan español y que incluso lo estudian. De hecho, nuestra guía “no oficial” era una de aquellas niñas.

Una pareja que se había unido a nuestro grupo era una de esas familias que acogieron a una niña durante bastantes veranos, y el motivo de su viaje a Bielorrusia era verla de nuevo. Sus padres se habían divorciado, y nos invitaron a comer en casa de su padre al día siguiente.

Edificios de viviendas al más puro estilo soviético

Edificios de viviendas al más puro estilo soviético

Tanto el edificio como la vivienda en particular, mostraban la sobriedad de la arquitectura soviética, y al llegar al piso en cuestión, una gran mesa adornada con un mantel bordado a mano sobresalía por la puerta. La escalera se encontraba abarrotada de vecinos curiosos que habían ido a ver a los “extranjeros”. Me pareció enternecedor la forma en que nos miraban, con todo descaro, como si fuéramos auténticos extraterrestres llegados de Marte y recién aterrizados en la capital bielorrusa. Sobre la mesa, decenas y decenas de platillos de comida típica bielorrusa, deliciosos. No me cuadraba que hubiera 12 sillas y 12 botellas de vodka. Supongo que calculaban una botella por persona. Pero sí, se acabaron las 12 botellas, y las mujeres, que iban y venían de la cocina sobre sus altos tacones, caminaban erguidas sin titubear, como si beberse una botella entera de vodka fuera cualquier cosa. Tras 3 horas sin dejar de comer y beber, y de que los vecinos nos hicieran fotos desde la escalera, nos esperaba una gran sorpresa. La chica que nos había invitado a comer nos apremiaba para que recogiéramos nuestras cosas, porque se había hecho bastante tarde y su madre nos esperaba en su casa para comer, ¿Cómo?. Los padres, al estar divorciados, habían decidido celebrar la comida por separado. Con el estómago a punto de reventar nos dirigimos hacia la casa de la madre, donde una mesa de las mismas dimensiones y con la misma cantidad de comida (o más) nos esperaba. Yo sólo rezaba para no vomitar. Los bielorrusos eran tan encantadores y estaban tan contentos de nuestra visita que no los podíamos defraudar. Desconozco si una persona que ha comido demasiado puede llegar a desmayarse, pero yo estuve a punto de hacerlo, cuando casi finalizada la segunda comida apartaron las mesas y dijeron. “ahora vamos a beber y a bailar”. ¿Cómo?. Yo no podía moverme. Imposible. Pero las mujeres bielorrusas, con más de una botella de vodka por cabeza bailaban y bailaban sin parar canciones típicas. Pensé que si me ponía de pie reventaría, que si se me ocurría dar un paso caería como un muñeco y no podría levantarme.

Mujeres bielorrusas bailando

Mujeres bielorrusas bailando

 

Al día siguiente visitamos Khatyn, un memorial levantado para honrar a las víctimas de muchos pueblos que fueron completamente destruidos por los nazis durante la guerra. También hay un recuerdo muy especial por los bielorrusos judíos que murieron en los campos de exterminio nazis. En la entrada, una estatua de un hombre mayor con un niño en brazos, únicos dos supervivientes de la barbarie alemana.

 

Kathyn

Kathyn

 

 

Durante nuestra visita a Kathyn, el autobús, que parecía ser de los años 60 continuó con el motor en marcha, ya que nos dijo la guía “oficial” que si paraba el motor a lo mejor no volvía a arrancar. Redujimos la visita todo lo que pudimos por el intenso frío y corrimos al autocar para entrar un poco en calor. No quería ni imaginarme qué sería quedarnos en medio de la nada sin transporte para volver a la ciudad.

 

Autocar de los 60

Autocar de los 60

 

De camino de vuelta a Minsk paramos en una aldea y comimos en una casa, donde la dueña nos preparó té caliente, pan recién hecho en su horno de leña y queso con cominos. Lo recuerdo como una de las mejores comidas de mi vida. Es entonces cuando te das cuenta de lo dura que es la vida en Bielorrusia. Casas aisladas durante meses por la nieve, temperaturas que impiden que la gente se relacione en invierno a causa del frío… Lo mejor fue que durante toda la comida, la dueña no dejó de hablarnos, a pesar de que no entendíamos una sola palabra de lo que nos decía. Al ir a pagar se negó en rotundo a cobrarnos, e incluso nos agradeció la visita y la compañía.

 

Vivienda en la estepa bielorrusa

Vivienda en la estepa bielorrusa

 

Visitamos una iglesia bielorrusa, donde por supuesto no había nadie, y que abrieron expresamente para que la visitáramos. Hay que tener mucha fe para atravesar en invierno los campos cubiertos con más de 50 centímetros de nieve para acudir a la iglesia.

 

Iglesia bielorrusa

Iglesia bielorrusa

 

Bielorrusia es el único país europeo que aún hoy mantiene una dictadura comunista. Caminar por sus calles, visitar sus tiendas o comer en sus pocos restaurantes nos ofrece la visión de una imagen congelada en el tiempo. En la calle principal de Minsk los edificios albergaron hace años las oficinas de la KGB. No deja de sobrecoger al pasear por sus calles, pensar de qué acontecimientos fueron testigo hace años.

 

Tienda en Minsk

Tienda en Minsk

 

 

Las tiendas tienen pocos artículos atractivos, nada que te incite a comprar, excepto los abrigos para el invierno, de muy buena calidad y a un precio irrisorio. Eso sí, si no te importa llevar una prenda que parece sacada del armario de la abuela.

 

Calles de Minsk

Calles de Minsk

 

Al pasear por sus calles, eran muchos los que se asomaban a las ventanas para observar a ese grupo de locos que paseaba con tan bajas temperaturas. Incluso algunos nos hacían fotos. Ya nos habíamos acostumbrado a llamar la atención allá donde fuéramos.

 

Iglesia de San Simón y Santa Helena

Iglesia de San Simón y Santa Helena

 

Casi todo en la ciudad recuerda a algún acontecimiento relacionado con la guerra, como la Isla de las lágrimas, una isla artificial construida en el centro de Minsk para honrar a los soldados muertos en Afganistán. En el puente que conduce a la isla, muchas novias, madres y hermanas de los fallecidos colocaron candados en señal de amor eterno.

 

Puente que conduce a la Isla de las lágrimas

Puente que conduce a la Isla de las lágrimas sobre el río Svisloch

 

A lo largo de la calle Propekt Nezazisimosti (calle de la Independencia), se desarrolla la vida de la capital bielorrusa, y casi la única que al anochecer mantiene un alumbrado más o menos aceptable. A pesar de no ser un destino turístico de primer nivel, Bielorrusia es un país muy agradable de visitar, sobre todo por su encantadora gente, la más agradable de cualquier país del este. Hoy se ha convertido en un museo al aire libre de lo que fue en su día la Unión Soviética.

 

Arquitectura soviética 100%

Arquitectura soviética 100%

 

No creo que nadie haya soñado alguna vez con visitar Bielorrusia, pero si surge la oportunidad no la desaproveches, no te arrepentirás. Eso sí, procura no hacerlo en invierno.

 

Frío intenso en Bielorrusia

Frío intenso en Bielorrusia

 

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11 pensamientos en “Bielorrusia, un viaje en el tiempo

  1. Gran artículo! Este abril tenemos previsto viajar por primera vez a Minsk, y teniendo en cuenta que ni siquiera en la red hay mucha informacion sobre Bielorrusia, por ello cobra tanta importancia que gente como la autora compartan sus experiencias tan abiertamente, para los futuros viajeros. Nos ha gustado mucho tu relato, y lo tendremos presente. Gracias y un saludo!

  2. Seguro que Bielorrusia no os defrauda. Es de esos sitios donde aún hoy puedes encontrar gente “sana” que aún se asombran de ver extranjeros, abiertos, y sobre todo muy hospitalarios y generosos. ¡Disfrutad de Bielorrusia!. Un saludo

  3. Se agradece la aventura descrita, me hizo reír con las descripciones de los momentos vividos, de seguro fue un viaje para no olvidar. Tratare de visitar esa hermosa gente pero lejana tierra. Un abrazo para todos desde Chile

  4. Hola José. Gracias por tu comentario. Yo creo en el karma, en las casualidades, en que “el mundo es un pañuelo”, en el destino y demás zarandajas. Hace aproximadamente 20 minutos he reservado un vuelo para mi repróximo viaje (digo repróximo porque el martes me voy a las Maldivas y Sri Lanka). Me voy a…¡Chile!. Lo reservo hace 20 minutos y a continuación veo tu comentario. ¡Qué casualidad!. Estuve en Chile hace unos años pero sólo visité el sur. Viajaré en enero y esta vez quiero visitar el norte e isla de Pascua (si consigo un billete barato (tarea casi imposible).

    Un saludo y gracias por tu comentario.

  5. Algunas cosas han cambiado. Hay una nueva terminal en el aeropuerto y el tramite de los visados es mas rapido. Yo viajo una vez al mes, aun no me han tocado los -22C. En el verano hace muco calor.

  6. Imagino que las cosas habrán cambiado y mejorado en Bielorrusia en los últimos años. Me alegro, Aunque también tenía su encanto viajar a MInsk y que pareciera más un viaje en el tiempo que en el espacio. Un saludo y gracias por comentar.

  7. buena narracion me hizo transportarme en esa aventura !!!

  8. Hola, muy buen articulo, me encanto. Unas preguntas y dudas. Cuando fue que viajaste? mes y año? y sobre el guia que mencionas del gobierno y turista, tiene algun costo y ando contigo todo el rato? Sobre el idioma tambien si estas en ceros? Por que yo tambien y me interesa ir el proximo año (2015), saludos

  9. Mucho han cambiado las cosas.Yo he estado de vacaciones en julio del 2017 y nadie me ha puesto un guia del gobierno para controlarme,he ido y venido libremente a todas horas,incluso de copas y de madrugada. Hay multitud de centros comerciales ,restaurantes , casinos y tiendas y una oferta de productos para comprar como los de cualquier paìs occidental, y mi presencia ,no extrañaba a nadie,aunque me vean extranjero.Y no me he desplazado en autobuses de los años 60 ,que parece que no van a arrancar….Es màs ,si quitas los carteles en cirilico , alguien podrìa pensar que est“a en Zurich, Munich o una ciudad europea similar y no en Minsk .Yo me he llevado una grata sorpresa por lo moderna limpia y ordenada que es y la gente vive ,viste y se comporta como en Madrid,por ejemplo

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