De los nervios

Shanghai, la ciudad de la luz (artificial)

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Shanghái es la ciudad más poblada de China y una de las más pobladas del mundo.  Situada en el este de China, en el delta del río Yagtsé, en la costa del mar de la China oriental.  Los refugiados que huían de los mongoles fundaron la ciudad en el siglo X. Fue una ciudad de pescadores hasta el siglo XIX, cuando su localización y su puerto hicieron de Shanghái se constituyó como el puerto más importante de China y un importante centro financiero. Hoy en día es el mayor puerto del mundo por volumen de mercancías.

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Bahía de Shanghái y río Huangpu

La ciudad es uno de los principales destinos turísticos en China, gracias a monumentos como el Bund, el Templo del Dios de la Ciudad o los rascacielos del Pudong. Hoy en día es un claro ejemplo de lo que ha sido el boom de la economía china y del urbanismo del futuro. Pekín es la capital política de China, pero Shanghái es su capital económica.

Tiene incluso una lengua propia, que no es el mandarín, como en gran parte del territorio chino, sino el Shaiganés.

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Skyline de Shanghai

 

El  Bund es una de las calles más famosas de la ciudad, y discurre paralela al río Huangpu. Tiene 1,5 kms de longitud, y fue asentamiento de los colonos británicos en su tiempo. Es también una de las arterias de la ciudad donde se han instalado las mayores empresas financieras chinas y extranjeras. Es un paseo agradable con a´rboles y flores, y desde aquí se puede tomar un barco para visitar la bahía tanto de día como de noche.

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Barcos que cruzan la bahía

De noche es todo un espectáculo, ya que todos los edificios cuentan con una iluminación particular de color y movimiento, creando una gran competencia entre ellos. Personalmente no me parece un espectáculo bonito, sino más bien hortera, ya que las luces no muestran los encantos de la arquitectura shaiganesa, sino que parece un concurso de luces para ver cuál de ellos tiene el movimiento más original o las luces más llamativas. Quizá si sólo fuera uno sería curioso, pero ver tantos edificios con iluminaciones estridentes en movimiento confunden bastante.

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El Bund de noche

Hasta los barcos que cruzan la bahía están iluminados con colores estridentes. Una locura.

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Iluminación nocturna del Bund

 

La Calle Nanjing comienza en el Bund y termina en el templo. Es la calle más comercial de todo Shanghái, con más de 600 tiendas y varios outlets. Para mí, una locura y de escaso interés, ya que una sucesión de tiendas de marcas internacionales no me llaman en absoluto la atención.

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Avenida Namjing en Shanghai

 

Si te interesan las tiendas o te gusta ver escaparates, definitivamente debes visitar Namjing Road. De noche es muy común que ofrezcan a los turistas (masculinos) servicios de masaje “con final feliz”. La calle Namjing tiene también su “mercado” nocturno.

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Avenida Nanjing, una de las calles más comerciales de Shanghái

 

El jardín Yuyuan es un clásico jardín en  Anren Jie. Construido en 1577 por ,  Pan Yunduan, un oficial del gobierno. La traducción literal significa “jardín del placer”. El jardín contiene algunas edificaciones, estanques y jardines exquisitamente cuidados.

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Jardines Yuyuan

 

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Edificaciones y estanques en los jardines Yuyuan

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Dentro de los jardines Yuyuan

El Templo del Buda de Jade es uno de los templos budistas más importantes de Shanghái. Fundado en el siglo XIX es conocido por albergar dos grandes Budas de jade, traídos desde Myanmar.

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Templo del Buda de Jade

Hay dos Budas: el Buda sentado y el Buda reclinado, que representa la muerte de Buda. Quizá lo más bonito del templo sean los edificios anexos, que se pueden visitar por dentro e incluso subir al primer piso.

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Edificio principal del Templo de Buda

 

 

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Templo de Buda

 

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Imágenes en el Templo de Buda

 

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Imágenes en el Templo de Buda

La Casa de Té Huxingtin fue construida en 1784 por los comerciantes de algodón. Está situada en el distrito más antiguo de la ciudad, justo al salir de los jardines Yuyuan, y es muy popular entre los chinos. Mi estancia en China coincidió con la celebración del Año Nuevo chino, y era tal la cantidad de gente que había por la zona que prácticamente era imposible andar. Todo lo que se ha construido alrededor de la casa de té: el puente en zigzag, los cientos de tiendas y los adornos y decoraciones modernos hacen que Huxingtin pierda protagonismo.

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Zhujiajiao

 

No sé si la decoración de la zona se debía a que era Año Nuevo, pero esa cantidad de colores que siempre utilizan los chinos, ese abigarramiento, tienen un resultado bastante hortera, que hace que la preciosa casa de té pase desapercibida y no sepas si se trata de un edificio antiguo o un restaurante chino de los que puedes encontrar en cualquier ciudad. ¡Un espanto!.

 

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Decoración que rodea Huxingtin

Si viajas a China por tu cuenta, no olvides que es muy raro encontrar a alguien que habla inglés, y si lo hace, no entenderá tu inglés ni tú el tuyo. Es bueno llevar escritas las direcciones en chino, y pedir una tarjeta en el hotel.

 

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Los chinos celebran el Año Nuevo con petardos y fuegos artificiales. Cuando digo que lo celebran así es que utilizan muchos fuegos artificiales, y muchos muchos petardos. Las tiendas abren hasta casi las 12 de la noche para que los shaiganeses hagan acopio de petardos. Caminar por las calles de Shanghái de noche es casi infartante cuando están celebrando el Año Nuevo, ya que en cada calle, en cada esquina y en cada plaza hay decenas y decenas de chinos explotando petardos.

Año Nuevo en Shanghai

Año Nuevo en Shanghai

En el hotel colocaron por la tarde un sobre rojo bajo mi almohada con una moneda de yuan antigua. Debe ser otra de las costumbres chinas como augurio de buena suerte para el año entrante.

Pudong es el barrio de Shanghai donde se encuentran la mayoría de los rascacielos, al lado del río Huangpu. En los últimos 20 años se ha desarrollado mucho más que el barrio de la otra orilla, Puxi. La única ciudad comparable a Shanghái en número de rascacielos en una extensión de terreno parecida es Dubai. El edificio más alto es la torre Jin Mao, con 88 pidos, y en la que se puede subir a su observatorio. A su lado, el Shanghai World Financial Center, de 101 pisos, y que por su forma es conocido como El sacacorchos, pero que oficialmente aún no está terminado.

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Torre Jing Mao y World Financial Center

 

Realmente, la historia del “sacacorchos” tiene una explicación. El edificio, según los planos originarios de los arquitectos que lo construyeron, no contemplaba ese rectángulo abierto en su parte superior. Cuando el edificio estaba llegando a esa planta, muchos ciudadanos que conocían el proyecto se quejaron, porque se había diseñado un espacio abierto con forma de círculo, lo que recordaba a la bandera japonesa. Es conocida la enemistad que ha existido entre China y Japón hasta nuestros días, por lo que los arquitectos no tuvieron más remedio que cambiar el diseño del proyecto a última hora para evitar enfrentamientos y críticas, y sustituyeron el círculo por un rectángulo. Se puede subir precisamente hasta la planta justo encima de ese espacio abierto, donde se encuentra un observatorio.

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Vistas del Bund desde el World Financial Center

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Torre Jing Mao

 

Justo debajo del rectángulo abierto del edificio, se colocaron pesadas barras de acero de cientos de toneladas que se mueven imperceptiblemente para evitar que en estos pisos altos se aprecie el viento que azota a estas alturas y para prevenir un movimiento descontrolado del edificio en caso de terremoto.

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Jing Mao y World Financial Center

Decidí a probar en Shanghái qué se siente a una velocidad superior a 400 km. Me sorprendió que la velocidad apenas se nota, pero cuando se cruzan los trenes en las vías se te encoge el corazón. No sabes exactamente qué ha pasado, porque de repente se ha apagado el sol, y algo, que no eres capaz de identificar se ha cruzado por la otra vía. Son sólo segundos, o milésimas de segundos. No he hecho la operación matemática de calcular cuánto tardas dos trenes en cruzarse a 408 km/h de velocidad. Sólo eres consciente de que algo ha ocurrido.

A 408 km/h en Shanghai

A 408 km/h en Shanghai

Intenté tomar una foto del letrero luminoso en el que se anunciaba la velocidad que iba el tren en ese momento, y no fui capaz de tomar una instantánea que no esté borrosa. Quizá yo no apreciaba la velocidad pero el sensor de la cámara sí.

El Shanghái Transrapid en la estación

El Shanghái Transrapid en la estación

El trayecto es corto, sólo unos kilómetros, y debido a la velocidad más corto aún. El precio es de 80 Yuanes, pero merecen la pena para experimentar esa velocidad. La línea funciona sólo como una demostración, e ignoro si a día de hoy el proyecto se ha ampliado. Más información sobre el

Interior del Shanghái Transrapid

Interior del Shanghái Transrapid

Me sorprendió que en mi viaje a China, y en mi primera parada en Pekin, al recibirme el guía, y una vez pasados los controles del aeropuerto, recoger el equipaje, etc, ya en el autobús se volvió y en un español bastante correcto, cogió el micrófono y se dirigió a los 10 o 12 viajeros que nos encontrábamos en él.

Se presentó: Me llamo Huan Lu no sé qué, pero podéis llamarme Pepe. De momento sólo quiero deciros 2 cosas muy importantes: Uno: Que los chinos comemos todo lo que vuela, camina o nada, sin excepciones. Comemos todo lo que tenga patas menos los bancos de la calle. Así que no quiero preguntas sobre qué comemos o qué dejamos de comer. Y en segundo lugar: Tíbet pertenece a China. Tampoco quiero preguntas ni comentarios al respecto”. Pues vale, todo muy democrático. El Pepe chino hablaba un español muy correcto, porque había estudiado varios años en Cuba. Por supuesto que no le hicimos preguntas al respecto. Yo sé que los chinos comen todo, incluso perro, gusanos o cucarachas. No deja de ser una diferencia cultural, aunque lo de comer perro, culturas aparte, me parece asqueroso, incluso más que comer gusanos o saltamontes. Respecto al Tíbet me hubiera gustado decirle un par de cosas, pero preferí que no me odiara ya desde el minuto 1.

Puesto de comida en Pekín

Puesto de comida en Pekín

Me hizo gracia que en los puestos de comida por las calles, los dependientes iban perfectamente uniformados al estilo Burger King, aunque no despacharan hamburguesas o patatas fritas, sino gusanos, estrellas de mar o saltamontes. Puedes encontrar puestos de este tipo de comida en Pekín, Shanghái, etc. Quizá existan en muchas ciudades chinas, pero pasan más desapercibidos para los turistas.

Estrellas de mar en un puesto callejero

Estrellas de mar en un puesto callejero

El guía, muy gracioso él, quiso apostar conmigo a que no me comía una brocheta de cucarachas. Por supuesto que no lo hice. Por muy sabrosas que sean las cucarachas o muchas proteínas que tengan los gusanos, no me metería ni loca algo así en la boca. Entonces le dijimos que le invitábamos. Eligió una brocheta de gusanos y otra de cucarachas. En la primera estaban ensartados gusanos de color anaranjado que al masticarlos desprendían un líquido de un intenso color amarillo que le corría por la barbilla. Fue peor la brocheta de cucarachas. Se introdujo la primera cucaracha en la boca, y al morderla con los dientes, hizo el mismo ruido que cuando le das un zapatillazo a una que has encontrado en la cocina de casa craaaaaaaaaaaaaaaaaaak. En ese momento casi vomito el desayuno. Con la boca llena y aún masticando, nos aseguró que el sabor era muy parecido al de las gambas. Pues vale, si saben igual, seguiré comiendo gambas.

Brochetas de gusanos, saltamontes y cucarachas

Brochetas de gusanos, saltamontes y cucarachas

Me considero bastante cateta, y muchas veces que viajo, y si está permitido, llevo en mi equipaje jamón de Jabugo o lomo, envasados al vacío por si hay que echar mano en caso de urgencia. En una de nuestras visitas por Pekín, creo que fue visitando la muralla china, nos llevó a un restaurante regentado por locales. El restaurante estaba bien, pero había un olor denso y nauseabundo inundando todo el comedor. Directamente le dije al guía que no pidiera comida para mí, que llevaba comida. Y entonces fue cuando saqué el jamón envasado, corté el plástico, lo abrí y ofrecí al guía y a mis compañeros de viaje. El guía me dijo que nunca había visto eso, que qué era. Le expliqué que era jamón, de la pata del cerdo, pero no de un cerdo cualquiera sino de cerdos mimados en las dehesas de Jabugo y alimentados sólo con bellotas. Entonces abrió mucho los ojos (bueno, todo lo que un chino puede abrir los ojos), y en voz bastante alta exclamó: “¡Pero qué asco!, ¡No me digas que los españoles os coméis los cerdos crudos!”. Sin comentarios…

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