De los nervios

Puerto Princesa: ¡No te pierdas Honda bay!

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Tras 6 horas y media desde El Nido en furgoneta llegué a Puerto Princesa, la capital de la isla de Palawan. Un trayecto que se hace largo y aburrido. Si visitas Puerto Princesa no puedes perderte Honda Bay, uno de los sitios donde más disfruté en Filipinas.

Pez payaso en Honda Bay

Pez payaso en Honda Bay

Puerto Princesa se encuentra a 230 kms del Nido, y a 26 kms de Honda Bay. Puerto Princesa ha sido considerada varias veces como la ciudad más limpia y más verde de las Filipinas.  A mí no me pareció nada verde, y no me llamó la atención su limpieza. Nunca sé quién hace estas consideraciones, y si cuando las hace se le ha ido un poco la olla, pero bueno…  Además es famosa por sus granjas de cocodrilos, ríos subterráneos y submarinismo.

Puerto de Honda Bay

Puerto de Honda Bay

Contraté en el mismo hotel la excursión por 1300 PHP. Me recogieron del hotel a las 8 de la mañana, e incluía el tour por 3 islas en barco, la comida y dejarme en el hotel una vez finalizada la excursión. Puedes ir por tu cuenta a primera hora de la mañana y contratar allí un barco, pero a esas alturas del viaje prefería ya pagar un poco más pero hacerlo en plan cómodo y no pelearme con conductores y guías. Visité Luli Island, Starfish Island,  y Cowrie Island.

Starfish Island, primera parada

Starfish Island, primera parada

Starfish Islad (La isla de las estrellas de mar)

Mi isla favorita en Honda Bay. Antes de empezar quiero decir que no soy ni ecologista, ni verde, ni animalista radical, pero hay cosas que odio de los turistas, y sobre todo de las autoridades que lo consienten. La isla, como su nombre indica está plagada de estrellas de mar. Y las estrellas de mar son equinodermos (palabreja que he encontrado en San Google). Es decir, son animales vivos que nacen, viven, se reproducen y mueren. Lo que menos me gustó de esta isla, que es una maravilla, es que los turistas cogen las estrellas para hacerse selfies, estiran sus brazos pensando que son de goma, las pisan y, muchas veces luego las abandonan en la arena. Las autoridades filipinas deberían ser mucho más estrictas con estos comportamientos o de otra forma Honda Bay perderá gran parte de su encanto. Otra cosa que tampoco me gustó es que en la playa venden bolsas con pan para dar de comer a los peces, para que acudan muchos hacia tí y así sacar unas fotos muy chulas. ¿No está este comportamiento cambiando la forma de vida y el habitat de estos peces?. Y por último, otro comportamiento que me molestó bastante es ver cómo los turistas se ponen de pie sobre los corales, arrancan un trozo para verlo bien fuera, asustan a los peces para grabar vídeos chulos. Todo un despropósito… Cuando buceo procuro no tocar nada ni llevarme nada, simplemente observar para que así perdure y otros puedan también disfrutarlo.

Starfish en Starfish Island

Starfish en Starfish Island

De hecho la zona donde hay más estrellas de mar es donde no se bañan los turistas porque hay erizos (stonefish). Por algo será.

Starfish island

Starfish island

Me senté en la orilla, me coloqué mis aquashoes (es la forma más fina de llamar a las zapatillas de buceo), que evitan que si accidentalmente pisas algo que pueda hacerte daño, la suela gruesa de goma proteja tus pies; saqué las gafas de bucear de la bolsa y comencé a escupirlas para evitar que se empañaran. Un filipino de unos 20 años se acercó a mí y movía la cabeza diciéndome que no. Con gestos me pidió las gafas de bucear, se acercó al manglar y partió una pequeña rama. Con el líquido que salía de la rama limpió las gafas por dentro y por fuera. Las gafas quedaron completamente limpias, y también evitó que se empañaran cuando buceaba. Me preguntó si podía acompañarme mientras buceaba y estuvimos disfrutando más de una hora hablándonos por señas.

Manglares de Starfish Island

Manglares de Starfish Island

Si navegas un poco por internet verás la gran cantidad de fotos de gente que visita Starfish Island y saca, estira,encoge, retuerce, y finalmente tira las estrellas de mar para hacerse un foto. Ya, ya sé que me estoy poniendo pesada con el tema, pero es que me enfado cada vez que lo recuerdo.

¿No es una maravilla?. Entonces: ¿Para qué tocar?

¿No es una maravilla?. Entonces: ¿Para qué tocar?

Aquí dejo unas cuantas fotografías del snorkel en Starfish Island.

Starfish Island

Coral en Starfish Island

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No hay palabras para describir tanta belleza

 

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Si no llevas gafas de bucear o aletas, un par de kilómetros antes del embarcadero de Honda Bay puedes alquilarlos por unos posos euros. cuando finaliza la excursión por la tarde la furgoneta hace una parada para devolverlos.

 

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Más “Nemos”. El pez payaso es el único pez que soy capaz de reconocer

Después de disfrutar con el chico filipino del snorkel, el guía del barco me hacía señas para que me acercara a comer. ¿A comer?. ¡Si son las 11 de la mañana!. Hay cosas que no entran en la cabeza de un español, y una de ellas es comer a las 11 de la mañana, por mucha voluntad que pongas en ello. Pero bueno, sabiendo que no probaría bocado hasta  unas horas después hice el esfuerzo de acercarme a la mesa y comer un poco (por cumplido), porque no tenía hambre. Se convirtió en la comida más deliciosa que tomé en Filipinas. Se trataba principalmente de un pez llamado Sweetlips (labios dulces), que estaba espectacularmente bueno, muy fresco y con ese sabor a brasa tan rico. Creo que fui la que más comí del grupo de 4. El guía encima se esmeró en presentar los platos tan bien que a pesar de la hora te entraba hambre sólo de verlo.

Comiendo en Starfish Island

Comiendo en Starfish Island

Luli Island

Lo cierto es que como isla no tiene mucho que ofrecer, excepto una larga manga de arena que aparece y desaparece según las mareas. Con la tripa llena tras la comilona en Starfish Island me dediqué sólo a bucear.

 

Una isla tranquila: Luli Island

Una isla tranquila: Luli Island

Luli Island

Luli Island

 

Muchas cámaras de fotos bajo el agua

Muchas cámaras de fotos bajo el agua

 

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Honda bay es una bahía que debe su nombre a los españoles que la bautizaron así debido a sus aguas profundas, nada que ver con una marca de coches y motos como creen la mayoría de los asiáticos.

Para relajarte en medio del mar

Para relajarte en medio del mar

Una manga de arena que aparece y desaparece según la marea

Una manga de arena que aparece y desaparece según la marea

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La última de las islas, Cowrie Island, casi no merece que la mencione. Es la última de las paradas, en una isla que sería bonita si no fuera por los cientos de turistas que allí se juntan, para comer en alguno de sus restaurantes gigantes tipo buffet, para tomar algo en alguno de sus chiringuitos o simplemente para descansar entre cientos y cientos de chinos. La mayoría de chinos no saben nadar y muchos pasan aquí todo el día. Ni siquiera hice una foto porque me pareció un espanto.

En cuanto a Puerto Princesa como ciudad, no tiene nada para destacar. Los turistas acuden allí o bien porque tienen que coger un avión, como paso hacia Bayang o para visitar Honda bay. Es muy conocida la visita al río subterráneo, pero tras leer a tantos viajeros en internet que desaconsejan la visita decidí no realizarla. En cuanto a la ciudad, los locales te recomiendan visitar el paseo marítimo (un espanto con unas vistas muy feas y lleno de palaweños en bicicleta) y su catedra. Tiendas, bares y restaurantes. Puerto Princesa no tiene más.

Me alojé en el hotel Greenspace, un hotel cerca de todo pero tranquilo. El hotel era muy pequeño y ofrecían de manera gratuita el traslado al aeropuerto (que se puede decir que está metido en medio de la ciudad). El hotel es una propiedad familiar cuyos dueños son octogenarios. Conocí a la dueña durante un desayuno, simpática y amable, y me recordó que me llevarían gratis al aeropuerto. El día que me iba viví una de esas experiencias surrealistas que vives cuando viajas. Me acerqué con el equipaje a recepción y me dijeron que la furgoneta ya estaba preparada, una Nissan flamante último modelo. Pero me quedé atónita cuando de detrás de la recepción sale un señor que rondaba los 90 años, encorvado, gafas y bastón y me dice: “¡Venga, vámonos!”. Entonces pensé que iba al aeropuerto también y envidiaba esa vitalidad con tal edad. Nos acercamos al coche, me subo en la parte trasera y me quedo alucinada cuando veo que ese señor que rondaba la edad de Matusalén iba a ser mi conductor. ¡Ay mi madre!. El señor en cuestión iba agazapado sobre el volante con sus grandes gafas de culo de vaso, y refunfuñaba cuando otros coches pitaban porque el señor en cuestión giraba o paraba cuando le daba la gana. Con un inglés bastante bueno me explicó que él había sido supervisor del aeropuerto de Puerto Princesa, y que las acacias alrededor del edificio y las pistas las había plantado él. Cuando llegué sana y salva al aeropuerto y vi los árboles de muchísimos metros de altura confirmé que el señor debía tener por lo menos 90 años.

Sin ningún problema volé a mi siguiente destino: Cebú.

 

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