De los nervios

Islas del Rosario: Isla del Sol (Colombia)

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Tengo que decir antes de nada que mi viaje anterior a éste fue a Filipinas, que me pareció un paraíso entre los paraísos, y que dejó el listón muy alto. Dicho esto, y como siempre tendemos a comparar, las islas del Rosario no me parecieron nada especial para la fama que tienen.

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Islas del Rosario: Isla del Sol

Contraté una excursión con Opitours, una agencia que se dedica a maltratar al turista de formas variadas: en primer lugar sus excursiones son carísimas (140.000 COP), en las que te incluyen la recogida en el hotel y el traslado al puerto, llevarte a la isla en barco y la comida.

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Te venden la isla del sol como una “eco-isla” con “eco-alojamientos”. Suelo desconfiar de todos los lugares que sin reparo se asocian la palabra “eco” como símbolo de respeto a la naturaleza. En realidad suelen ser sitios cutres o muy cutres donde el concepto eco brilla por su ausencia y no es más que un reclamo para vender más. En realidad son sitios sucios, o muy sucios donde la basura está por todas partes y los servicios son bastante precarios.

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Tras recogerme en el hotel me llevan junto a varias decenas de turistas tan tontos como yo al embarcadero de La Bodeguita, de donde salen la mayoría de las excursiones a las islas del Rosario. Completamente masificado y con decenas de vendedores que te ofrecen gafas de bucear, aletas, cremas para el sol, repelentes para los mosquitos, palos selfies, bebidas, sombreros y cualquier cosa que te puedas imaginar.

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Eco-hotel en la isla del Sol

Y nada más llegar lo primero es una reunión con los turistas en la que te intentan vender excursiones y servicios que, por supuesto, no están incluidas en el precio: Masajes, ir a ver los delfines a un oceanario, un paseo al pueblo y los manglares, etc. No es lo mismo que te den un masaje a pagar porque te soben la espalda alguien que no tiene ni idea del tema, así que como me pareció que la playa era todo lo que ya había visto, me apunté a la excursión a los manglares ¡y acerté!. Fue lo que más me gustó de toda la isla.

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Calles del pueblo de la isla del Sol

Primero se hace una pequeña caminata atravesando las calles del pueblo, donde lo mejor como siempre, son los niños. No pude resistirme a hacer una foto a este niño (tras pedir permiso a su madre), que ponía mucho empeño en fregar con una pequeña fregona la parte exterior de su casa, de tierra. Cuando volvía de la excursión el niño seguía fregando, aunque no le había cundido mucho, mientras que su hermana pequeña le daba instrucciones: “¡Ahí está sucio, y también ahí!”

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Fregando la isla del Sol 🙂

Con un calor insoportable se llega hasta un pequeño riachuelo donde unos botes de madera llenos de agujeros (el ayudante del que llevaba el barco, sacaba constantemente agua del bote con una vieja lata de tomate para que no naufragáramos) te llevan a través de los manglares hasta mar abierto. El paisaje me recordó mucho a los de Costa Rica, y en especial a los de Tortuguero. Fue un paseo muy relajante, muy bonito y lo mejor de la isla.

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Paseo entre los manglares

El que llevaba el bote nos aseguró que tienen totalmente prohibido cortar los mangles, y que en la isla hay varios terrenos privados donde se han construido la casa algunos famosos. La verdad es que no recuerdo qué famosos nombró, porque vayas donde vayas, ya sea en Colombia o en la otra punta del planeta, siempre hay una casa de Sean Penn, de Julio Iglesias o de Shakira. Que digo yo que si es verdad todas las casas que les atribuyen deben tener miles diseminadas por el planeta. Aparte de eso es un dato que tampoco me interesaba demasiado.

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Impresionantes mangles

Los manglares son bosques pantanosos que se desarrollan gracias a la mezcla de agua dulce del río con la salada del mar. En estos lugares crecen unos árboles llamados mangles que tienen unas impresionantes raíces aéreas.

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Laguna que se forma entre el río y el mar

Al final de la laguna, donde el agua dulce se mezcla con el mar, hay un pequeño banco de arena donde es posible bañarse, aguas limpias y cristalinas.

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Aquí se encuentran el agua dulce y la salada

Tras 20 minutos de un baño delicioso y relajante regresas en bote por el mismo camino por el que has llegado y atraviesas de nuevo las calles del pueblo hasta llegar al eco-lodge.

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Niños sacando agua del pozo

Tras pasar un par de horas nadando en la pequeñísima playa delante del eco-lodge llega la hora de la comida. Siempre desconfío de las excursiones que incluyen la comida, ya que suele ser bastante mala. Advertida por unos turistas argentinos que estaban en mi hotel y habían hecho la excursión el día anterior, me aconsejaron que no pidiera pescado, que estaba realmente asqueroso. Pedí pollo (¡cómo debía estar el pescado, porque el pollo estaba casi incomible), que acompañan de una sopa con cosas flotando que no pude identificar (y por supuesto no comí), patacones, arroz de coco y fruta colocada sobre una mesa donde un tipo se dedica todo el tiempo a mover un abanico sobre ella para espantar los cientos de moscas que hay.

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Zona de hamacas y al fondo el restaurante

La mayoría de los turistas se quedan en la piscina del hotel, ya que advierten al llegar que no se debe tocar la malla que hay en el agua donde hay corales que pueden producir graves alergias y urticarias. Esto no sé si es cierto o simplemente es una forma de alejar a los turistas que son (somos) tan brutos que nos da por tocar y manipular todo lo que hay bajo el mar. Suelo ser bastante respetuosa con la flora y fauna marinas y miro pero no toco, jamás, nada bajo el mar.

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Piscina

No entiendo que casi la mayoría de turistas paguen una excursión y vayan hasta las islas del Rosario para quedarse en una piscina bebiendo cervezas. Pero bueno, hay gente para todo.

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Al poco rato de comer ya empiezan a avisar que hay que regresar a Cartagena. Cuando llegas a Cartagena no incluyen el traslado al hotel, por lo que debes buscar tu propio método para volver.

Al volver al hotel me encontré con la pareja argentina que me habían hecho la recomendación sobre la comida. Ellos ese día habían estado en Barú, y estaba muy interesada en hablar con ellos por si me animaba a ir yo al día siguiente. Él con mucha gracia me dijo: ” Ehhhhhhhteeee, ¿viste la isla del Sol?, una mierda ¿verdad?. Pues no vayas a Barú porque es doble mierda, che!”. Por supuesto que le hice casi y no pisé más las islas del Rosario.

Si volviera a Cartagena de Indias no iría jamás a las islas del Rosario, me defraudaron completamente. Una pérdida de tiempo y dinero. Pero como siempre, esto es una opinión muy personal.

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