De los nervios

Cuba

Quizá de todos los viajes que he hecho en mi vida, el que hice a Cuba es uno de los que no he podido olvidar y recuerdo con más cariño. La mayoría de agencias me ofrecían destinos de playa, un todo incluido que no me interesaba. Quería hacer un circuito por la isla, ver de cerca cómo viven los cubanos, y lo conseguí. Me uní a un grupo que viajaría por La Habana, Trinidad, Viñales, Matanzas y Varadero. Lo de Varadero me echaba un poco para atrás, no suelen gustarme los destinos en los que se protege al turista en un gueto hotelero, apartado de la vida cotidiana y real del país. Hoteles de lujo y playas paradisíacas, en un ambiente que, al menos a mí, no me interesa en absoluto. Pero tuve que ir a Varadero. Parece que es imposible realizar un circuito por la isla sin visitar Varadero. No comprendo a los turistas que hacen miles de kilómetros para estar solamente en Varadero, pero para gustos los colores.

Aguas turquesas de Playa Ancón

Aguas turquesas de Playa Ancón

El grupo al que me uní era de lo más variopinto. Doce personas de toda la geografía española. Algunos de ellos insoportables, lo que me hizo recordar el porqué prefiero viajar sola. Pero entre ellos había 5 mujeres que rondaban los 40 de Madrid que me parecieron las personas más divertidas con las que he coincidido en un viaje. Dos hermanas y tres amigas. Cuando nos presentamos me hicieron saber que el motivo de su viaje era ligar. Sinceras y directas. Las dos hermanas habían viajado 3 años atrás a la República Dominicana, donde la pequeña de las dos se había enamorado perdidamente de un joven dominicano. Cuando regresaron a España, la hermana enamorada hizo lo imposible por traer a su nuevo novio a vivir con ella y casarse. Lo consiguió. Se casaron y convivieron casi un año. Un año fue el tiempo que tardó el dominicano en vacías las cuentas de la hermana pequeña y dejarle unas deudas astronómicas. Unos días antes de descubrirse “el pastel”, el dominicano había huido sin decir nada y nunca más supieron de él. La mujer, tardó casi un año en sobreponerse al disgusto, ya que estaba enamorada hasta los huesos del joven dominicano. Este viaje a Cuba lo realizaban para que la hermana pequeña intentara olvidar a su viejo amor y comenzara una nueva vida. Lo divertido del caso era que la hermana mayor perseguía literalmente a la pequeña, incluso cuando iba al baño. Tenía miedo que se enamorara en menos de 5 minutos de cualquiera y volviera a pasar por el mismo calvario. Allá donde fuera la hermana pequeña iba también la mayor, e incluso se encargaba de espantar a algunos de los moscardones que se acercaban a ella. Me pareció una situación más propia de una película de Almodóvar, pero sumamente divertida.

Coche que utilizan los cubanos para celebrar la fiesta de los 15 años

Coche que utilizan los cubanos para celebrar la fiesta de los 15 años

Nada más llegar a La Habana me di cuenta del espíritu cubano. Esperando para recoger el equipaje, la gente comenzaba a impacientarse. Sobre la cinta transportadora estaban sentados dos chicos cubanos que trabajaban en el aeropuerto. Una señora se acercó a ellos para preguntarles qué ocurría con el equipaje, a lo que ellos contestaron:”¡ay mi amollll, es el alma cubana, trabajamos cuando nos da la gana!”. Seguramente en otras circunstancias y otro lugar, la mujer se habría enfadado, pero la forma que tienen los cubanos de decir las cosas te obligan a sonreír y a aceptar las cosas a su manera.

En cualquier lugar de Cuba

En cualquier lugar de Cuba

No tengo que decir que me encantó la capital cubana: el Parque Morro Cabaña, la Habana Colonial con sus fortalezas y edificios construidos por los españoles entre los siglos XVI y XIX, La Bodeguita del Medio, el Capitolio o la Plaza de la Revolución. Pero quizá lo que más me gustaba de La Habana era sentarme en una terraza y observar a los cubanos, o pasear por sus calles. En cualquier rincón de la ciudad se improvisa un escenario donde un grupo canta y baila.

Bailando por las calles de La Habana

Bailando por las calles de La Habana

Antes de viajar a Cuba me habían advertido que pasear por la ciudad hace que los cubanos se acerquen para pedir dinero. Quizás yo tuve mucha suerte, porque nadie se acercó a mí pidiendo dinero, sólo me pedían artículos de higiene personal: champú, gel, etc. Desde que la isla fue sometida a embargo por parte de Estados Unidos hay artículos que no se ven en las estanterías de las tiendas cubanas. Es desolador ver los estantes de algunas tiendas prácticamente vacíos, al igual que ver grandes pizarras en las tiendas de alimentación, en las que se detalla qué tipo de artículos y en qué cantidad pueden disponer los cubanos por mes y por cartilla de racionamiento.

El Floridita

El Floridita

Vistas de La Habana desde El Malecón

Vistas de La Habana desde El Malecón

Lo que no se puede negar es que a pesar de restricciones y escasez jamás pierden su buen humor.

"Tu kola"

“Tu Kola”

Una visita imprescindible es el Havana Club que cuenta con un museo, una exposición con barriles donde fermenta el ron y un bar de degustación. Aquí puedes comprar un maravilloso ron de 25 años.

Havana Club

Havana Club

Vendedor del diario Grama

Vendedor del diario Gramma

Las carreteras cubanas son regulares, lo más positivo es que no tienen mucho tráfico. Circulando por ellas ves todo tipo de vehículos, normalmente atestados de gente. También se ven muchos averiados en los arcenes. Pero Cuba es el país del ingenio. No esperan a que una grúa acuda a socorrerlos, se buscan la vida de una u otra manera.

Coches cubanos, coches de museo

Coches cubanos, coches de museo

La mayoría de los coches son muy antiguos, para los que no existen piezas de recambio, por lo que los cubanos los fabrican manualmente al no encontrar dichas piezas. Circulaba con un guía por el valle de Viñales cuando, al entrar en una gran pendiente con un descenso muy acusado, el conductor apagó el motor para ahorrar gasolina. La situación no deja de ser sorprendente para un occidental, pero ellos están acostumbrados a esta manera de buscarse la vida.

Piezas de museo

Piezas de museo

La parte occidental de la isla cuenta con paisajes espectaculares, entre los que destacan Viñales, Pinar del Río o las Minas de Matahambre. Grandes plantaciones de tabaco cubren los valles, ofreciendo un paisaje espectacular. En las fábricas de tabaco es posible ver cómo dispuestos en una especie de aula, y sentados en sus pupitres, los cubanos lían las hojas para formar los puros, enrollando las hojas unas sobre otras y mojando los dedos en agua para que se peguen entre ellas. Los trabajadores de estas fábricas están autorizados a fumar todos los puros que deseen mientras trabajan, pero no a llevárselos o comerciar con ellos. Si se desea comprar estos cigarros es importante hacerlo en un establecimiento autorizado, ya que los controles aduaneros son muy estrictos con el contrabando de tabaco. Los que “tuercen” los puros se denominan torcedores. Las mejores marcas como Cohíba o Montecristo cuentan con las mejores hojas, fermentadas 3 veces y los mejores torcedores. Estas marcas estaban dirigidas en un principio exclusivamente a la venta a extranjeros.

Valle de Viñales

Valle de Viñales

El Mural de la Prehistoria de 120 metros de ancho por 100 de alto cubre uno de los múltiples mogotes del valle. Fue encargado por Castro en 1961 a un discípulo de Diego Rivera.

Mural de la Prehistoria al fondo

Mural de la Prehistoria al fondo

En la Cueva del Indio se puede apreciar las perforaciones de algunos mogotes, algunos con ríos subterráneos que se pueden visitar en bote. Es un paseo aburrido y de escaso interés. Incluso hay veces que no se puede realizar el paseo porque ya han sido varias las veces que los vecinos de Viñales roban los botes para escapar a Florida.

Cueva del Indio

Cueva del Indio

Aunque de manera incipiente, todo está preparado para el turismo, ya que a la salida de la cueva hay varios puestos donde se puede tomar un zumo de caña de azúcar. Con una antigua prensa, se introducen 2 cañas de azúcar por un lado de la prensa y salen por el otro extremo. Se vuelven a introducir las 2 cañas ya casi machacadas para extraer hasta ´la última gota de jugo.

Zumo de caña de azúcar

Zumo de caña de azúcar

El paisaje de esta zona es espectacular (murales aparte), y lo mejor, como casi siempre, es la gente. Las mujeres cubanas lejos de las grandes ciudades sienten mucha curiosidad por las mujeres extranjeras, por cómo visten. Reunidas en pequeños grupos no tienen problema en comentar delante de tus narices tus zapatillas, tu falda, tu pañuelo. Una de ellas me pidió ese “adorno” tan mono que llevaba en el cuello, que no era más que una cinta de propaganda de Vodafone que yo utilizaba para colgar de mi cuello cualquier cosa. Se lo di y se lo puso tan contenta, luciendo su nuevo collar.

Joven cubana

Joven cubana

Si hay una ciudad dedicada al Che es Santa Clara. En 1958 el Che Guevara hizo descarrilar un tren que traía refuerzos para las tropas de Batista. La grúa y algunos de los vagones se encuentran expuestos al público. En su interior se pueden ver pequeñas exposiciones de la hazaña.

Tren blindado en Santa Clara

Tren blindado en Santa Clara

La Plaza de la Revolución de Santa Clara es un lugar de culto para los amantes del Che. Se ha construido un mausoleo donde reposan los restos del héroe revolucionario, recuperados en Bolivia en 1997. También se pueden ver extractos de la carta que Fidel Castro envió al Che antes de partir a Bolivia, y un bajorrelieve que cuenta las hazañas del Che Guevara. El mausoleo se encuentra custodiado durante el horario de apertura al público por policías, que prohíben acercarse, tocar o fotografiar la tumba del Che. Nos encontrábamos a unos metros de la tumba, cuando la mayor de las hermanas me preguntó si quería apostar. ¿Apostar a qué?. “¿Qué te juegas a que toco la tumba del Che?”. Pensé que se había vuelto completamente loca. Los cubanos no se toman a broma nada relativo al Che Guevara, y quizá atreverse a tocar su tumba tendría unas consecuencias que yo, particularmente, no quería saber en qué consistían. Ni corta ni perezosa se acercó lentamente a la tumba mientras fingía leer una guía, y cuando estaba muy cerca de ella fingió que se tropezaba, y tuvo que apoyarse con las 2 manos sobre la tumba. Los dos policías se acercaron a socorrerla y no pasó absolutamente nada. No suelen gustarme este tipo de “gracias”, ya no por lo que puedes jugarte, sino porque me parece una falta de respeto ante cualquier cosa que otros consideran sagrada, sea lo que sea. Lo que sí reconozco es que hay que tener valor para hacer algo así.

Bohío cubano

Bohío cubano

Realizamos una corta visita a Cienfuegos, que hace honor a su nombre. Era finales de agosto y la temperatura y la humedad eran casi insoportables. Conocida como “la perla del Sur”, puede parecer un término exagerado para el visitante. El Paseo del Prado cuenta con algunos de los mejores edificios, como el teatro Tomás Terry, la catedral, etc.

Plaza José Martí en Ciefuegos

Plaza José Martí en Ciefuegos

El Palacio Valle, acabado en 1917 construido por la familia del mismo nombre, en estilo neogótico y árabe, ofrece una de las mejores vistas de la bahía de Punta Gorda. El lugar es una joya de la arquitectura cienfueguera, se puede visitar sus salones y apreciar la construcción en toda su dimensión. En su último piso se puede apreciar una vista muy bonita de Punta Gorda y de la bahía de Cienfuegos.

Terraza del Palacio Valle

Terraza del Palacio Valle

Nos alojábamos en un hotel en Playa Ancón, en la Bahía Casilda, y nos encontrábamos “en remojo” en la piscina por el intenso calor cuando parecía que el cielo comenzaba a oscurecerse. ¿Amenazaba tormenta?. No. Todas las tardes, los mosquitos que llegan de una ciénaga cercana sobrevuelan la bahía en busca de alimento. No podíamos salir de la piscina, era una escena de película. Estuvimos en el agua más de una hora hasta que la nube de mosquitos desapareció. En las habitaciones, mosquiteras adosadas a las ventanas y mosquiteras que cubrían las camas. Salir a la terraza al atardecer era una especie de suicidio. Después de la cena el guía y el conductor nos propusieron hacer una visita a Trinidad. Todo el grupo estuvo de acuerdo en darles una propina por ese servicio extra. Todos menos una pareja de catalanes, que se negaron a aportar los 2 € por persona que decidimos darles por el detalle. A pesar de negarse tajantemente a aportar esa cantidad, vinieron con nosotros hasta Trinidad. Nada más llegar a Trinidad, la ciudad sufría uno de los famosos “apagones” cubanos, aunque los cubanos los llaman “alumbrones” porque es más tiempo el que están sin luz que con ella. Visitamos la Casa de la Trova, un precioso edificio al lado de la Plaza Mayor, donde los músicos estaban tocando a oscuras.

Calles de Trinidad

Calles de Trinidad

Trinidad tuvo su apogeo en la primera mitad del siglo XIX, cuando fue centro de uno de los mercados más grandes de esclavos y de la industria de la caña de azúcar. Abolida la esclavitud la ciudad entró en decadencia. Por todo ello, Trinidad está prácticamente igual que hace más de 100 años, con casas de una sola planta pintadas de colores, tejados curvos, patios cercados con palmeras y buganvillas que adornan las calles empedradas con las piedras que un día utilizaron los buques como lastre. En el centro destacan la Plaza Mayor, el Museo Romántico, la Iglesia de la Santísima Trinidad y el Museo Histórico Nacional. Estos edificios, con sus gruesos muros son un descanso para el turista, que se protege así del intenso calor de sus calles, aunque el calor no es obstáculo para que en cada bar y en cada esquina haya grupos tocando, cantando y bailando.

Cantando en Trinidad

Cantando en Trinidad

Lo más curioso fue que, no una vez, sino en varios de estos edificios, los bedeles eran mujeres, las que al comprobar que éramos españoles nos preguntaban si teníamos alguna revista. Una de ellas nos preguntaba por Belén Esteban, que había desaparecido de la televisión. Tenía revistas atrasadas en las que se había informado sobre la obra y milagros de este personaje y no sabía qué había pasado después. Por supuesto que ninguno llevábamos una revista de prensa rosa, y de la vida de este personaje tampoco sabíamos demasiado.

Varadero es uno de los destinos que incluyen en cualquier viaje a Cuba. Sí o sí. Para mí no tiene ningún encanto especial: hoteles lujosos con pulsera de “todo incluido”. Largas playas tranquilas sólo frecuentadas por los turistas. Un lugar para disfrutar de la playa y ponerte ciego a comer y a beber como si fuera el fin del mundo.

Meliá Paradisus Varadero

Meliá Paradisus Varadero

Un buffet de 24 horas en la que los clientes pueden degustar todo tipo de comida y bebida las 24 horas del día. Comida a la que la mayoría de los cubanos no tienen acceso. No disfruté de este exceso de todo.

Buffet del Meliá Paradisus

Buffet del Meliá Paradisus

La playa tranquila, done la mayoría de los clientes del hotel están borrachos gran parte del día gracias a que el hotel incluye gratis las bebidas alcohólicas. Los cubanos pueden pasear por la playa, pero no acercarse a las hamacas de los turistas. Los cubanos pasean por la orilla arrastrando carros en los que venden prácticamente de todo.

Con la tienda a cuestas

Con la tienda a cuestas

Salir del hotel es casi una pérdida de tiempo, ya que la zona sólo cuenta con complejos hoteleros donde se alojan los extranjeros.

Playa de Varadero

Playa de Varadero

Playa de Varadero

Playa de Varadero

El último día de mi estancia en Varadero el tiempo cambió radicalmente, ya que se acercaba un huracán. En época de tifones y huracanes los cubanos, aparte de por su seguridad, se preocupan por tener suficientes alimentos almacenados en casa. Comprobar el exceso de estos complejos hoteleros de lujo y las necesidades de los cubanos, hicieran que estuviera deseando salir de este gueto turístico.

Playas de Varadero

Playas de Varadero

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