De los nervios


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Odio los cruceros

Vale, ya me he buscado un montón de enemigos. Pues bueno. No puedo dejar de pasar la ocasión de afirmar que odio los cruceros, con todas mis fuerzas. Los cruceros, los cruceristas (que parece que así se llaman los que frecuentan este tipo de viajes), los anuncios de cruceros en televisión, e incluso los anuncios de laxantes que utilizan los cruceros para anunciar su producto en la pequeña pantalla. Es un odio visceral. Hablar de cruceros me revuelve las tripas.

Antes, hablar de crucero tenía una connotación chic y sofisticada. Poder viajar por el mundo sonaba romántico, sonaba atractivo, sonaba bien. Hoy en día (al menos a mí), me suena hortera. Quizá de las cosas más horteras que puedas hacer en tu vida es ir de crucero. Hortera, choni, de mal gusto, lo peor. A veces por curiosidad veo folletos que anuncian cruceros y no cabe en mi cabeza que a alguien le atraiga un tipo de viaje así:

Un edificio de 7 u 8 plantas que flota, decorado con un pésimo gusto donde sobran dorados, alfombras y espejos. Cientos o miles de personas metidos durante una semana en un megabarco que con suerte no se hundirá. Con varias piscinas en cubierta, mini golf, pista de patinaje, peluquería, tienda, restaurantes y pista de despegue de naves espaciales ¿ah, no tienen de eso también?

A la gente se le llena la boca cuando dice: “Nos vamos de crucero”. Piensan que con sólo decir la palabra crucero, su interlocutor estará a punto de un colapso mortal producido por la envidia. “Si, sí, nos vamos de crucero. Una semana. Y vamos a conocer Francia, Italia, Malta, Túnez… ¡una pasada!”. Pero vamos a ver alma de cántaro, si te metes en un barco que tiene que desplazarse miles de kilómetros por el mar, ¿cómo te va a dar tiempo a conocer tantos países?. Realmente los cruceros paran en todos los sitios que anuncian. Por ejemplo: Roma. Desembarco a las 6 de la mañana (que digo yo a ver qué narices haces en Roma a las 6 de la mañana), y tienes que estar de vuelta en el puerto a las 4 de la tarde. Si quieres, puedes hacer la excursión organizada por la compañía naviera: unos autobuses esperarán a los pasajeros en cada puerto con una señorita que ejercerá de guía y que siempre llevará un paraguas en alto dirigiendo a la manada durante las visitas. Estas excursiones, por cierto, siempre tienen unos precios astronómicos y nunca están incluidas en el precio. Vale, has desembarcado en Roma a las 6 de la mañana, y has visto desde el autobús el coliseo, el Vaticano, la plaza de España, y te han dejado casualmente cerca de un restaurante para comer, más que nada para que no te vayas con la sensación de que no has estado en Roma. Ya puedes decir que “conoces” Roma.

Después de la visita supersónica vuelta al barco, donde puedes cenar en uno de sus muchos restaurantes. Incluso hay una cena con el capitán. El colmo de los colmos de la horterada suprema. Realmente el capitán no cena con nadie. Solamente el pobre hombre tiene que soportar a cientos y cientos de catetos que quieren hacerse una foto con él a la entrada del restaurante. Por cierto, la foto te la cobrarán, y el capitán esbozará la mejor de sus sonrisas porque es otra cláusula más de su contrato, no porque este henchido de gozo de cenar contigo. Realmente al capitán se la repanfinfla. En la foto aparecen el capitán a un lado, la mujer ataviada con sus mejores galas. Seguramente el último vestido que se ha comprado para una boda, el marido con chaqueta y corbata para la ocasión. Y los niños….los niños vestidos o disfrazados de algo que pretende ser elegantes. El que te ha contado que se va de crucero también te enseña a su vuelta la foto con el capitán.

Y entonces le preguntas: ¿Y qué haces durante la navegación?. Entonces sonríe ampliamente porque ve que ha despertado tu interés y probablemente tu envidia y te cuenta: “Bueno, ¡es un no parar!. Hay 4 restaurantes para desayunar, luego puedes hacer un poco de footing en cubierta o meterte en el jacuzzi. Siempre hay animación en la piscina, con monitores que invitan a la gente a hacer acqua-gym o aprendes a bailar salsa. Luego eliges otro restaurante para comer, donde puedes comer todo lo que quieras, ¡no te imaginas qué cantidades y qué bueno todo!. Luego un partido de tenis o squash, cena en el restaurante y después vas al teatro donde siempre hay actuaciones: magos, payasos, variedades. Y después a tomar una copa a la discoteca y a dormir.

Lo pienso y se me abren las carnes. Todo lo que me ha contado lo traduzco en: ponerte como un cerdo a la hora de desayunar, porque “ya lo llevo pagado”. Da igual dejar los platos llenos de comida. Llenan los platos hasta el límite de su capacidad y comen y comen hasta que están a punto de reventar. Luego al gimnasio. No van jamás al gimnasio, pero así queman 4 o 5 calorías de las 2.500 que han ingerido en el desayuno y de paso enseñan el flamante chándal que han comprado en Decathlon para la ocasión. Más tarde baño en la piscina, donde un monitor brasileño que habla 4 o 5 idiomas te enseñará a bailar la lambada o dirigirá juegos en el agua para todos los pasajeros. Llega la hora de la comida, y hay que volver a ponerse como un cerdo, que para eso lo has pagado. Aunque no se puede olvidar que las bebidas nunca están incluidas, y que harán que incremente la factura final de manera alarmante. Se siguen llenando los platos como si el mundo fuera a acabar. (“total, ya lo he pagado”). Después del festín y dos pastillas para ayudar al estómago a que procese esa ingente cantidad de comida, una siesta en una tumbona en la piscina. El problema es que llegas a la piscina y no hay tumbonas suficientes para todos, así que tienes que irte a tu camarote. Camarote sin ventana, por cierto, sólo un ojo de buey que da a un pasillo, porque los camarotes exteriores suben mucho el precio.

Después de la siesta intentas hacerte con una tumbona, y tras varios minutos saltas sobre una que acaba de quedar libre. Las tumbonas están tan juntas por falta de espacio que puedes oler perfectamente el sudor de tu compañero de hamaca, y soportar que te moje el niño/a de turno que enseña a su papá cómo se tira a bomba justo a tu lado.

Ya bien entrada la tarde toca volver a arreglarse para estar la mar de guapetones durante la cena. Ellas a tirar de plancha para alisarse el pelo, porque hay que hacerse muchas fotos para luego poder enseñarlas, ellos con la misma chaqueta de todos los días, incluso la misma camisa, pero diferente corbata. Toca cenar. Otra vez a ponerse como un cerdo. Una constante durante todo el viaje. Comer y comer y desperdiciar y desperdiciar comida. Seguramente durante la semana de crucero comerán por una semana, pero lamentablemente el cuerpo humano no funciona así, y seguirá pidiendo comida una vez finalizado el viaje. Más pastillas para ayudar a hacer la digestión y que no molesten los malditos reflujos intestinales.

Cuando finaliza el viaje, cuentan con varias fotografías de los lugares donde han estado, varios kilos de más y la satisfacción de pensar en el efecto que producirán en la oficina cuando cuenten que han estado de cru ce roooooooooo.

Por todo ello, jamás iré de crucero, jamás. Sería el único regalo que jamás aceptaría.

Y, es que tiene que haber de todo …

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Cuidado con tripadvisor

Ya lo había leído en algún foro de viajes, pero no podía dar crédito. Algunos usuarios de tripadvisor, un portal de recomendación de hoteles con millones de visitas diarias, publica más o menos lo que le da la gana. ¿Motivo? Pues claramente el económico. Debe haber una gran lucha de intereses entre los anunciantes y el portal, que vive directamente de los ingresos por publicidad. Supongo que entre bambalinas, y dependiendo del tipo de contrato de los anunciantes con el portal, tripadvisor directamente no publica los comentarios negativos sobre algunos establecimientos. Sigue leyendo


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Islas Gili, otro paraíso asiático

Soy incapaz de enumerar lo que para mí son paraísos en la tierra, lugares que he visitado que me han parecido espectaculares. Pero la mayoría de ellos se encuentran en el continente asiático. Sus playas, sus paisajes, sus colores vibrantes y su gente, siempre tan amable.

Cuando planificaba mi viaje a Bali empecé a leer sobre Lombok y sobre las islas Gili, 3 islas muy pequeñas situadas al norte de la isla de Lombok. Me llamó la atención que en ninguna de ellas esté permitido el uso de vehículos a motor, por lo que pensé que sería el típico lugar que me gustaría. Existen muchas empresas que te llevan a las islas Gili desde Bali. En mi caso, lo contraté desde Ubud, e incluía el traslado a la costa este de Bali para desde ahí coger el barco rápido a las Gili. Los precios suelen ser muy parecidos, y hay multitud de agencias en Ubud o Kuta con las que contratar el traslado. A mi vuelta tenía contratado sólo el barco, ya que me esperaba mi guía en el puerto porque quería conocer las playas del este de Bali. Sigue leyendo